Jara Yáñez

La alargada sombra de Kiarostami pesa especialmente en esta ópera prima cuya primera consideración puede ser precisamente esa: se parece demasiado a otras películas ya vistas. Narrada desde el punto de vista de Lamia, una niña de nueve años (e interpretada por una actriz natural, como el resto del reparto) The President’s Cake se ambienta en los dos días previos al cumpleaños de Saddam Hussein, en el Irak de 1990, cuando, a pesar de la pobreza, todos están obligados a celebrar. A Lamia le toca en el sorteo del colegio ser la responsable de llevar una tarta para la que no tiene ni los ingredientes ni el dinero para adquirirlos. Las distintas peripecias que debe vivir para conseguir reunir todo lo necesario marcarán un relato que se va construyendo como si siguiera el orden de la receta.

Y aunque hay algo interesante en el modo a través del cual la película de Hasan Hadi juega entre la comedia y el drama, entre el naturalismo y una cierta fábula, y no hay duda del valor de su apuesta por ofrecer un retrato sin salida de la vida de un país bajo la autarquía, definitivamente, The President’s Cake es esa película ya vista.


Àngel Quintana

El punto de partida de la película es apasionante. Irak 1990. Saddam Hussein ha invadido Kuwait y las tropas estadounidenses están bombardeando el país. La vida sigue en las calles y el dictador decide que la población le rinda pleitesía con motivo de su cumpleaños. En la escuela, el profesor encarga a los niños que lleven a cabo una serie de ofrendas con motivo del día del presidente; si no lo hacen corren el riesgo de ir a la cárcel. Lamia es una niña huérfana de nueve años que vive con su abuela en unas marismas. Al recibir el encargo de hacer el pastel se encuentra con la dificultad de que el embargo económico decretado en el país y la situación de miseria extrema no le permiten tener dinero suficiente para comprar harina, huevos, azúcar y levadura. La niña viaja con su abuela a la ciudad en busca de los ingredientes necesarios. La abuela no le sirve de demasiada ayuda y la niña se pierde por la ciudad y empieza a contemplar la cruda realidad de un país asediado en el que se oyen los raids de los aviones, en los hospitales no hay suficientes medicamentos y la gente sale a la calle para manifestarse a favor de su líder. Hasan Hadi intenta realizar una película a la manera del cine de Abbas Kiarostami, heredando la fórmula de ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1989), para proponer un paseo en un espacio urbano en un tiempo concreto. Hadi evoca la fantasmagórica sombra de Saddam Hussein en los años de la dictadura y las vejaciones que sufre la población como consecuencia de determinadas acciones de índole geopolítica.