Ha transcurrido más de una década entre Palo Alto (2013), el primer largometraje de Gia Coppola y The Last Showgirl (2024) y a pesar de la escasa producción de la directora californiana (dos largometrajes más entre ambas obras) se puede leer un coherente discurso transversal sobre el paso del tiempo en el rostro y el cuerpo femenino. Lo que era volatilidad e incertidumbre en su debut con aquellos planos flotantes generales y de reducida temporalidad, para hablar de los sueños inasibles de la adolescencia, ha mutado en su última película en una fisicidad del rostro como demiurgo de un relato triste y crepuscular.

Dave Bautista (Eddie) y Pamela Anderson (Shelley) son dos actores que aportan al dispositivo narrativo de la cinta un contraplano más sutil de lo que parece, al haber sido ambos iconos globales (Bautista en el wrestling, Pamela en la ficción televisiva con su participación en la serie Los vigilantes de la playa, 1989-2001) de la sublimación de cierto ideal social del cuerpo masculino y femenino, respectivamente. Por ello, resultan tan inteligentes e interpeladores sobre el brillo del mundo del espectáculo los recurrentes planos cerrados, en los que Gia encapsula las canas y el desaliñado rostro ajado de Eddie, así como muestra las arrugas y las consecuencias del paso del tiempo en Shelley, una imagen que rima con las raíces en su pelo. Aunque en la mayor parte del metraje la puesta en escena resulta más funcional que estimulante, se perciben algunas ideas visuales valiosas. Así, la presentación al inicio de esta bailarina de cabaret cuyo mundo amenaza con ser clausurado, se muestra sobre una pantalla en negro en la que resuenan unos tacones lejanos que se acercan (como verá posteriormente el espectador) a un micrófono que da acceso a un casting. Este sonido, se replicará con otro, dos planos después, de los tacones de un grupo de bailarinas subiendo por las escaleras que dan acceso a su espectáculo en Las Vegas. Las imágenes parecen sugerir la soledad de Shelley en la comparación entre ambos planos.

Del mismo modo, la escena posterior al anuncio del cierre del show, construida en un montaje sobre el rostro de Eddie en el interior del local, y que muestra en silencio la incertidumbre sobre el futuro de las bailarinas, da paso a una escena exterior en la azotea donde Shelley de espaldas frente a los rascacielos de Las Vegas mantiene una conversación con Jodie (Kiernan Shipka). Gia mira con ternura y honestidad a su protagonista, para la que su cámara tiene siempre un plano esperanzador (ese contrapicado de Shelley bailando sola), pero cuya realidad nunca traiciona al mostrar la crudeza de la relación con su hija o su frustración con Eddie. El crepúsculo de una diosa.

Javier Rueda


EE UU, 2024 Guion: Kate Gersten Montaje: Blair McClendon y Cam McLauchlin
Fotografía: Autumn Durald Intérpretes: Pamela Anderson, Kiernan Shipka, Brenda Song, Billie Lourd, Dave Bautista Distribución: Vértigo Films Estreno: 20 de junio