Sean Baker, Javier Rebollo y Carlos Marques-Marcet son, respectivamente, los directores de Anora, En la alcoba del sultán y Polvo serán, tres de las películas que destacamos en este número de noviembre de Caimán CdC. Ellos son además protagonistas de las entrevistas que acompañan a los comentarios críticos de sus filmes. Y los encuentros que dieron lugar a estas conversaciones nos permiten reflexionar aquí sobre este particular y apasionante género de la entrevista como una confluencia abierta, libre y flexible entre el periodismo, el análisis y lo literario. Una oportunidad para pensar en ese encuentro de influencia recíproca como espacio privilegiado para la confrontación de ideas, razonamientos y valoraciones. Como el lugar desde el que aspirar a ‘ver entre dos’, no solo para ‘recabar datos’, sino también, y sobre todo, para explorar una subjetividad que se bifurca en dos direcciones. François Truffaut se definió a sí mismo como “incitador” o “provocador” en el prólogo de El cine según Hitchcock, y quizás también tenga el entrevistador algo de esto en su intento por ratificar o contradecir su pensamiento, a través del intercambio creativo y dinámico con el otro, como signo ineludible de esa subjetividad.

Algo así sucede de hecho con la entrevista a Sean Baker. Porque el tratamiento de sus personajes, en la que es su nueva propuesta fílmica, pero también a lo largo de su trayectoria como cineasta, genera una enriquecedora diversidad de opiniones y una apasionante diferencia de lecturas que se ve reflejada en los textos que publicamos en torno a la película. El asunto se centra esencialmente en torno a la mirada humanista del cineasta que cabalga, según los análisis, entre la honestidad y la condescendencia, el vitalismo sincero o el paternalismo, la mirada de frente o aquella otra que, poseedora del privilegio masculino de la hegemonía, embellece y sexualiza. Y en este debate abierto, en la confluencia de argumentos de un lado y de otro, la voz de Baker introduce un tercer vértice que colabora a enriquecer el debate desde perspectivas distintas.

Pero las entrevistas pueden ofrecer información también sobre el modo discursivo del cineasta y, en ocasiones, la forma de dialogar, el uso particular del lenguaje hablado por parte del autor, encuentra un emocionante reflejo en el uso personal que hace, a su vez, del lenguaje cinematográfico. Este vínculo es sin duda el que se reconoce en el habla ágil, libre, erudita y digresiva de Javier Rebollo, que encuentra un reflejo casi directo en la multiplicidad narrativa, retórica y formal de En la alcoba del sultán, una película que el propio cineasta define, también en este sentido, como “inacabable”. Es precisamente Rebollo quien insiste además en calificar como ‘conversación’ lo que formalmente se propuso como entrevista. Y ese carácter distendido, sin aparente propósito específico, que lleva implícita la idea de la conversación, es lo que establece a su vez una relación ‘inacabable’ entre el ‘discurso’ de la película y el diálogo posible con el cineasta sobre ella.

Algo parecido ocurre también en la interacción con Carlos Marques-Marcet que, en su generosa y prolífica charla, nos permite conectar con la vivencia más personal del cineasta (aquella que además está en el origen del proyecto), mientras se pone en evidencia su particular gusto artístico. Y así, la cita a las obras de teatro y los dramaturgos que admira, a los escritores, fotógrafos o pintores con los que se inspira o a las películas que ama, no solo introduce después en la película, de uno u otro modo, toda una serie de referencias reconocibles, sino que nos confrontan con una particular forma de relación con el arte y la cultura como fuentes esenciales para la creación.

Pero, en términos más generales, quizá la entrevista no sea más que un intento imposible de acercamiento real o auténtico hacia el otro del que apenas somos capaces de leer gestos, movimientos, palabras o miradas como señales de una intimidad inabarcable. Y entonces podemos compartir eso que dice muy bien el protagonista de En la alcoba del sultán, cuando afirma: “Solo vemos un 10% del universo. Somos prácticamente ciegos”.

Jara Yáñez