Cristina Aparicio

Ha hecho falta llegar a la película de clausura de New Directors para encontrar una de las imágenes más hermosas de toda la sección: un grupo de bailarinas vestidas de blanco (con jerséis de lana en tonos crema, tutús largos y medias rosa pastel) danza cerca de la orilla de un lago. Con lluvia oculta (ese fenómeno meteorológico donde la lluvia y la niebla suceden al mismo tiempo) como telón de fondo, estas jóvenes buscan un vínculo con la naturaleza con el cuerpo como herramienta de exploración. Desde los primeros minutos, White Flowers and Fruits va entrando y saliendo del mundo de los muertos. Es imposible no pensar en un limbo durante la escena del lago: ánimas danzando por un espacio liminal cargado con bruma. La película no esconde en ningún momento su condición fantasmagórica. Más bien, se sumerge de lleno en lo fantástico introduciendo elementos del género que convierten este drama (melodrama incluso) que explora traumas como el suicidio o los abusos a menores en un relato de espectros.

Cuestionarse la existencia, la propia vida, es a lo que se enfrentan las jóvenes alojadas en este internado femenino y religioso. Un cuestionamiento que se vuelve crucial cuando se trata de poner fin a la vida humana. White Florwers and Fruit es un retrato de los miedos de quienes no encuentran razones o motivos para estar vivos, de quienes se sienten excluidos de la realidad y se sienten más cerca de los que ya se fueron. Una película que, a pesar de su oscuridad, contiene e irradia luz.