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En su síntesis sobre la naturaleza del cine, Víctor Erice afirmaba que: “Cada descubrimiento es una herida y cada herida es un paso en el acceso al conocimiento”. La voluntad por conocer su origen y cuestionar su presente han hecho de las heridas de Mehran Tamadon un compromiso –en el sentido sartreano del término–, en el que el cine se coloca como centro de libertad irreductible. Una condición presente en el díptico conformado por Where God Is Not y My Worst Enemy. Dos obras que orbitan sobre la represión pretérita y actual en Irán, pero desde enfoques muy distintos. En este primer capítulo el relato se construye en torno a tres testimonios/conversaciones por parte de antiguos represaliados, víctimas de cruentos interrogatorios en las cárceles de Evin y Ghezel Hesar por parte del régimen. Un dialogo que supondrá una reelaboración de sus traumas para reconstruir literalmente los que alguna vez fueron sus centro de reclusión. El continuo protagonismo de la cámara (preocupada por simular la atmosfera de la prisión), irá cediendo poco a poco la agencia a Mazyar Ebrahimi, Mazyar Ebrahimi y Homa Kahlori, preguntándose sobre el papel y la responsabilidad de sus verdugos. Al final, la arquitectura de la narración, algo ensombrecida por secuencias que rozan lo abyecto, sobre todo en la devastación latente en la memoria del personaje femenino, busca interpelar a sus torturadores para intentar confrontarlos con sus delitos, imaginando una catarsis que catalice y resuene dentro de su paraíso perdido. Felipe Gómez Pinto