Felipe Rodríguez Torres

Dos elementos entroncan la nueva obra de Gastón Solnicki –tras Introduzione all’oscuro y A Little Love Package– con dos temáticas centrales dentro de la selección de películas que conforman la Sección de Punto de Encuentro de esta 70 edición de la Seminci. La primera de ellas, la huella y la atmósfera que las formas arquitectónicas exudan y construyen el estado de ánimo de los espacios y las personas y cómo lo animado con lo inanimado dan lugar a extrañas y sugerentes simbiosis. Algo que se puede observar en trabajos como Forastera, donde la pérdida transforma los espacios habitados de varias generaciones de una misma familia; o como en Barrio triste, la miserabilidad de los espacios habitados dan lugar a diferentes formas de violencia e incluso conexiones con lo extraño y sobrenatural; sin olvidar Growing Down, donde las formas ásperas y geométricas pronostican los futuros y desoladores acontecimientos. En The Souffleur, el espacio vaciado, decadente y crepuscular es el hotel Intercontinental de Viena. Casi una suerte de versión contemporánea del balneario de la obra maestra de Alain Resnais, El año pasado en Marienbad, donde el antaño espacio repleto de vida, ahora solo proyecta, en sus angulosos y opresivos espacios, una huella de un pasado que se resiste a desaparecer. Algo que también lo entroncaría con otro de los espacios míticos de la historia del cine, el Hotel Overlook de El resplandor de Stephen King.

El segundo (y último) elemento que emparenta a The Souffleur con otros trabajos de Punto de Encuentro es la relación entre gentrificación y globalización, fruto de un neoliberalismo exacerbado, y la cada vez más acusada expulsión de los habitantes originarios de los espacios que dieron personalidad a geografías concretas. Si en Rebuilding, el abandono del espacio rural, del oeste americano, daba una nueva vuelta de tuerca a los códigos clásicos del western, o João Rosas en The Luminous Life, de manera humanista y optimista nos hablaba de la expulsión y la falta de oportunidades en la Lisboa contemporánea, Gastón Solnicki, a partir del personaje protagonista –el director del hotel Intercontinental encarnado por Willem Dafoe– representa la resistencia de aquellos que no van a permitir que la inversión del gran capital destruya los recuerdos y las memorias de un pasado que se niega a desaparecer, representado en esos bellos flashbacks de contrastado blanco y negro.