Reescribir el estruendo
Javier Hernández Olave
Entre las dicotomías alerta y aviso, violencia y supervivencia, Preemptive Listening (Aura Satz) lucha para definir qué es una sirena. Satz hace un retrato holístico de la significación de las sirenas, explorando sus diversas funciones por varios países: una central eléctrica de carbón en Reino Unido, un puente para evitar inundaciones en Países Bajos, Fukushima… Pero también sus diferentes formas, remontándose a su génesis: su fabricación y almacenamiento. La cámara queda prendada por las curvas y colores brillantes de las sirenas, rodeándolas con drones que dan vueltas cenitalmente sobre ellas. Rodadas con una imagen puramente digital, saturada, contrastada y con mucha luz, que abraza lo kitsch de su diseño. La música que acompaña distorsiona, juega y experimenta con los sonidos de las sirenas entrando en terreno de lo abstracto con el fin de irritar. Dentro de esta incomodidad conjunta que crean imagen y sonido, surge una voz en off que articula la narración, desde donde surge lo humano en contraste con el artificio, aunque el contenido, por momentos, caiga en un excesivo romanticismo y ensimismamiento.
Todas las sirenas avisan, llaman a la acción y, por tanto, crean un futuro. Es ahí donde Satz centra su discurso: en ese futuro en el que poder resignificarlas, alejándolas de la violencia que siempre han vaticinado. Para ello, durante el metraje, alterna diversos testimonios en Super 8 –con la fisicidad, textura, maleabilidad que aporta el fotoquímico– buscando esa humanidad, esa calidez frente a lo artificioso. Entre los participantes se encuentran un antropólogo, unas fundadoras de una asociación de salud mental frente a la violencia policial y un activista de la Primavera Árabe, cuyas voces dentro de la película suponen una apertura al diálogo, a la escucha y no al ruido y a la unidireccionalidad propia de las sirenas.
Toda la película está atravesada por lo político que encuentra su punto culminante en la destrucción de todas las sirenas, abriendo camino a un renacer en el que, en vez de señalar amenazas a humanos o sus propiedades, apunten hacia la colectividad y la solidaridad. Así, su estruendoso ruido no nublaría el discernimiento sobre lo genuinamente urgente.
Ecos de un presagio
Javier Rodríguez
Preemptive Listening, de Aura Satz, se presenta como una meditación cinematográfica sobre las sirenas entendidas como artefactos de emergencia, trauma y especulación. Con una cuidada estética visual y una constelación de artistas sonoros experimentales, la película aspira a ser una experiencia sensorial capaz de descolocar nuestras ideas preconcebidas sobre la alarma. Sin embargo, a lo largo del metraje, surge una inquietud persistente: ¿es el cine con su linealidad, duración fijada y estructura cerrada el formato más adecuado para lo que la obra busca activar? Lejos de abrir un espacio de escucha expandida, el dispositivo fílmico parece clausurar prematuramente aquello que debería permanecer en suspensión.
Estructurada como un ensayo audiovisual, Preemptive Listening explora la sirena como signo cultural, político y ecológico. Lo que empieza como una indagación poética sobre la estética de la emergencia pronto se ve acompañado por una voz en off omnipresente que transita entre la elegía, la exposición filosófica y la información didáctica. Esta voz, por momentos redundante y densa, interfiere en la escucha activa, desplazando el peso del film hacia lo explicativo y debilitando el poder evocador de la imagen. La necesidad de comentar y teorizar en acto revela una desconfianza hacia la elocuencia de lo visual y de lo sonoro, domesticando la ambigüedad que podría haber generado una experiencia verdaderamente dislocadora.
Visualmente, la película ofrece momentos de potente carga simbólica: luces de sirena fundiéndose sobre celuloide, torres mudas recortadas contra cielos vacíos, paisajes cargados de amenaza latente. Sin embargo, estas imágenes tienden a repetirse sin variaciones formales ni desplazamientos de sentido, convirtiendo el gesto visual en una figura retórica vacía. Esta insistencia monocorde revela una voluntad de control sobre los efectos del discurso: la película subraya en lugar de sugerir, reduce la disonancia en lugar de expandirla, renunciando así a la ambivalencia que podría sustentar una auténtica especulación crítica.
La ambición temática de Satz, que aborda desde la brutalidad policial hasta el colapso climático, es evidente. Pero en su apuesta por la abstracción, apenas se detiene en las materialidades concretas de esos conflictos. La película traza más una cartografía de impresiones que una dramaturgia argumental, y su elección de prescindir de cuerpos que escuchen, reaccionen o se expongan convierte el dispositivo en un sistema cerrado que habla de la emergencia sin permitir al espectador experimentarla. Entre la sobrecarga verbal y el goce estético, el film oscila sin generar un verdadero movimiento afectivo o cognitivo.
Uno de los elementos más prometedores del proyecto, la banda sonora creada por figuras destacadas de la música experimental, queda relegado a un segundo plano frente al predominio de la palabra. Si el objetivo era resignificar la sirena como un gesto de cuidado o de escucha radical, la música rara vez asume un rol estructurante. Funciona como atmósfera o textura, subordinada a un régimen de sentido donde lo sonoro ilustra, ambienta, pero no piensa. Así, el film reproduce el mismo sistema que pretendía cuestionar: uno donde el sonido se reduce a signo o índice, sin capacidad para desplegar un pensamiento autónomo.
Preemptive Listening plantea una reconfiguración de nuestra relación con el sonido y la emergencia, y en ese gesto reside su urgencia. Pero su apuesta por una forma fílmica basada en la explicación limita la potencia especulativa que busca desplegar. La intención de transformar la sirena en un signo de atención hacia lo por venir es valioso, pero su encarnación concreta no siempre consigue invocar esa transformación. El valor del film reside más en sus tensiones no resueltas, en la incomodidad que deja latente, en las promesas que apenas insinúa. Más que una obra cerrada, se siente como un punto de partida: un boceto de formas futuras de escuchar lo que aún no sabemos oír.








