Print Friendly, PDF & Email

Se cumplen dos años y dos meses desde que se iniciara la guerra en Ucrania y su estancamiento ha hecho que la posibilidad de una entrada de tropas europeas en el país se ponga sobre la mesa mientras Vladimir Putin perpetúa su poder dictatorial y expansionista después de unas elecciones ficticias con sus oponentes encarcelados, exiliados o asesinados. Y al mismo tiempo, la catástrofe humanitaria y la barbarie en Gaza alcanzan niveles más allá de lo soportable cuando comienza el recuento de los fallecidos (la mayoría niños) por hambre y deshidratación. “La humanidad en el filo de la navaja histórica, social, medioambiental e, incluso, ética”, en palabras del escritor Leonardo Padura, que nos coloca frente a la sinrazón, pero también frente a la imposibilidad de aprehender y asimilar el horror. A ciegas, sin asideros posibles, pero sin renunciar a rastrearlos, nos preguntamos si cabría quizá la posibilidad de volver al sentido de lo trágico en busca de respuestas. Lo hacemos porque vamos de la mano, en este número de Caimán CdC, de Angela Schanelec, quien precisamente vuelve la vista hacia la tragedia griega en su nueva película Música, a partir del Edipo de Sófocles. La cineasta alemana revisita el mito, para traerlo al presente y cuestionar asuntos como la violencia, el dolor, el espanto o la crueldad, a través de una estrategia estilística y formal de vaciamiento, descomposición y elipsis. Y quizá tampoco en esa esencia mínima haya respuestas obvias (seguramente no pueda haberlas), pero Schanelec nos sumerge en el territorio de lo inconcreto, de la sugerencia, de lo que no se nombra porque es imposible hacerlo, en un retador y apasionante juego de espejos que conduce, en su tramo final, al llanto de un bebé al que ya nadie parece acudir a consolar. Conectamos entonces con un sentido de lo trágico que es íntimo, pero que sobre todo es ético y político.

Por lo demás, y como ocurre cada mes, los contenidos de este número de abril son fruto de múltiples y variadas circunstancias que, además, se van incorporando y superponiendo desde el primero hasta casi el último de los días en los que trabajamos en ellos. Y también como cada mes, se trata con este texto quizá de buscar conexiones que colaboren a dar una cierta coherencia interna a esos temas. Pero el resultado en esta ocasión es particularmente atomizado. Pasamos del estilo radical de Schanelec y su valiosa mirada existencialista sobre el presente, al cuestionamiento del concepto tradicional de autoría al que nos confronta la particular trayectoria creativa de una figura esencial en el territorio de la narrativa serial y popular como es Ryan Murphy. Pero mantenemos también una larga conversación con la directora experimental Su Friedrich que nos permite seguir avanzando en ese objetivo editorial a largo plazo que es rescatar y reivindicar la trayectoria de cineastas silenciadas y poco consideradas hasta ahora (y entre las que hemos destacado ya a Chantal Akerman o Marguerite Duras, pero también las más ‘periféricas’ Márta Mészáros, Sara Gómez, Kinuyo Tanaka o Sharon Lockhart). Conmemoramos además el cincuenta aniversario de la Revolución de los Claveles a través de la revisión de aquel cine militante que salió a la calle para registrar y celebrar lo que ocurría. Pero no renunciamos a encontrar, sin embargo, ese ‘tercer término’ entre dos que nos ayude a relacionar y conectar tantos asuntos diversos. Y en esta ocasión es David Bordwell quien acude en nuestra ayuda, ahora que tristemente nos ha dejado, gracias a su capacidad para conciliar aparentes opuestos a través de una epistemología basada en un conocimiento exhaustivo de la historia del cine sin prejuicios ni limitaciones. A él le dedicamos desde aquí este número de la revista con el que reconocemos también su valioso legado neoformalista, su clara y directa reivindicación del cine como forma artística, y del film “como objeto, hecho de formas concretas, con una cierta totalidad y unidad, y enmarcado en la Historia”. Y seguiremos también, como en realidad siempre hemos hecho, sus consejos cuando afirmaba: “Olvídate de ser crítico de cine. Intenta convertirte en un intelectual. Lee historia, política y ciencias. Estudia historia del arte, historia de la música, del teatro y de la literatura con un sentido de la herencia de la cultura mundial que te permita desarrollar ideas y opiniones que arrojen luz sobre el cine”.

Jara Yáñez