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‘Nosotros’, de Jordan Peele.

10 abril, 2019

Nosotros, de Jordan Peele.
Los demonios de la corrección política.
Àngel Quintana.

El 25 de mayo de 1986 se organizó en Estados Unidos, con el nombre de Hands Across America, una cadena humana para combatir la pobreza. Participaron seis millones y medio de personas y fue considerada un triunfo. Unos años después ha pasado a la historia como una celebración de la corrección política y de la mala conciencia burguesa. No es ninguna casualidad que el tema de la cadena humana esté presente en Nosotros de Jordan Peele, ni que la película se inicie en aquel mayo de 1986 en un parque de atracciones de Santa Cruz. Tal como indica Adelaide Watson –Lupita Nyong’o– en un significativo momento de la película, “We are Americans”: por tanto el título original del film, ‘Us’, equivale también a ‘United States’. El terror es el marco genérico para una película que abre múltiples abismos sobre la sociedad americana, sus divisiones sociales, su bienestar y su hipocresía.

Al inicio de Nosotros hay una imagen enigmática en el interior de un laberinto de espejos situado en un parque de atracciones. Una niña –Adelaide– observa que su reflejo está invertido. La imagen genera múltiples hipótesis. Nosotros no pretende funcionar como el reflejo de una sociedad, sino como un ejercicio de búsqueda de su reverso. A diferencia de la memorable Déjame salir, lo que preocupa a Jordan Peele no es tanto el racismo sino la integración post-racial. Por eso, la película empieza atacando a la sensibilidad burguesa a partir del gesto radical de despertar sus demonios. La familia Watson tiene una lujosa segunda residencia frente al lago, y en su jardín aparecen unos personajes vestidos de rojo, como si provinieran de una cárcel de alta seguridad. En un monólogo, la mujer que actúa como doble de Adelaide afirma que ella es la sombra y que siempre se ha sentido marginada, repudiada y vilipendiada. ¿Qué implica este concepto de sombra? Podemos partir de la hipótesis de que la sociedad de la riqueza ha sido construida a partir de la pobreza de los otros, o que los países ricos existen porque los países pobres viven condenados a la miseria.

Si admitimos está hipótesis, observaremos que el discurso es claramente político. La corrección es una máscara que oculta el trasfondo del malestar social: la burguesía ha crecido a partir de la humillación del otro. No obstante, la fuerza de Nosotros radica en que su puesta en escena juega con sensaciones contradictorias, que mantienen una gran energía terrorífica. Los dobles que preparan su venganza apocalíptica no son solo los desheredados de la tierra sino también una representación de ese lado oscuro que vive en el interior del propio ser, ese lado siniestro que nos indica que la naturaleza humana es posesiva, mezquina y cruel. Jordan Peele construye su relato a partir de diversas capas que provocan un alto nivel de tensión. Su elegante puesta en escena se apoya en un excelente trabajo coreográfico que mueve las múltiples piezas simbólicas de la propuesta. El resultado inquieta y perturba. Los demonios de una sociedad adquieren forma física mientras el cine de terror vuelve a abrazar esa politización que estaba presente en las mejores películas de John Carpenter y George A. Romero. Una politización que una parte sustancial del género había olvidado.

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