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La última película de Kaouther Ben Hania no es lo que parece. La historia real de las cuatro hijas de Olfa, contada en ese estilo de falso documental que deja ver intencionadamente las costuras del relato que se quiere construir, podría ser el típico híbrido que muestra a la vez el caso verídico y su rodaje, las personas reales y las actrices que van a interpretarlas, en un juego de espejos que ya se ha convertido en pura fórmula para cineastas afectos a este tipo de ejercicios. Ben Hania, sin embargo, prefiere ir dejando claro poco a poco que para ella todo es ficción –desde el momento en que se convierte en representación– y consigue que quienes vivieron el relato contado pasen a formar parte de otro universo, exclusivamente cinematográfico, en el que ya no hay límites ni fronteras. Los mejores momentos del film pertenecen a este registro, logran que la historia de esa madre y sus cuatro hijas, testigos y protagonistas privilegiadas de la historia reciente de Túnez, se convierta en una trama absorbente, un arrebatado melodrama familiar en toda regla. E incluso cuando todo se tuerce y hay que explicar lo inexplicable –la conversión de dos de las muchachas al islamismo radical, su misteriosa desaparición–, la película se mantiene a la altura, prescinde de adornos innecesarios y se atreve a dejar agujeros narrativos que la audiencia deberá rellenar como buenamente pueda, en el convencimiento de que esta es una historia de misterios y enigmas sin resolver. Sin embargo, es también precisamente en este punto cuando Las cuatro hijas quiere erigirse en película histórica y testimonial, y entonces no le queda más remedio que doblegarse al documental al uso, recurrir a las imágenes demostrativas y fehacientes –la televisión, las grabaciones oficiales– y abandonarse al folletín engagé, dejando que las mujeres protagonistas  se diluyan como las poderosas presencias que han sido hasta ese momento y se conviertan en metáfora debilucha y convencional. Y es entonces cuando el film de Ben Hania hace innecesariamente explícito aquello que los rostros y los cuerpos, las palabras y las gestos, ya habían mostrado: este es un film sobre los modos en que determinados universos femeninos suelen interiorizar el machismo que los rodea, claro está, pero eso ya nos lo había dicho el dispositivo del film antes de que se nos hiciera explícito, sin necesidad de ningún tipo de griterío al respecto. Carlos Losilla