Carlos F. Heredero

A medio camino entre lo pesadillesco y lo existencial, entre el drama realista y la dimensión fantástica, el tercer largometraje de la argentina Milagros Mumenthaler nos devuelve la mirada de una verdadera cineasta que piensa esencialmente en imágenes. Su sensible y, sobre todo, muy sensorial inmersión en las brumas mentales de una mujer madura y madre de familia, que entra en crisis y que empieza a relacionarse cada vez con mayor dificultad con su aparentemente asentada y burguesa vida cotidiana, no se limita a seguir dócilmente los dictados de un guion predeterminado de antemano (epidemia ilustrativa y meramente costumbrista que ha contagiado a las tres primeras películas españolas presentadas en competición dentro del certamen), sino que se atreve a bucear entre las grietas, a explorar lo desconocido, a tantear intuiciones y a chapotear incluso en lo más confuso cuando la cabeza de su protagonista emprende derivas que le alejan del confort y la impulsan hacia los territorios más aterradores.

Las corrientes no es siempre una película que parezca saber lo que quiere en todo momento. Hija de una elaboración larga y prolija, su montaje final deja al descubierto no pocos titubeos, contradicciones e incluso intermitentes caídas en lo más obvio (psicoanálisis de manual mediante), pero consigue avanzar a golpe de intuición, de pinceladas fugaces que transportan una sobrevenida oscilación lírica, de una puesta en escena por momentos incluso más inventiva y sugerente que la de su ascendente más visible (Antonioni), de planos que se entrecortan o que chocan entre sí, de ideas dramáticas y visuales (la resonancia del agua y de la luz: algo no demasiado lejano de lo que ocurría ya en La idea de un lago, 2016, el anterior largometraje de su directora), de felices hallazgos de montaje creadores de un tempo misterioso que parece vibrar con un diapasón narrativo casi musical. Es una película hecha de retazos, de temblores y de pinceladas breves en medio de una estructura que se abre pudorosamente hacia el misterio. Una notable conquista.