La cámara en clave absurda
Jaime A. Coco
La filmografía de Julián Génisson puede entenderse como una larga búsqueda por contar historias y explorar las posibilidades del lenguaje cinematográfico. Desde El súper de las caras (2013), una obra colectiva que reflexiona sobre espacios cotidianos como los supermercados a través de conversaciones delirantes que saltan de Primark a cuestiones tan polémicas como dónde vive Pablo Iglesias, hasta Pinocho (2015), donde las mentiras de pareja y las conversaciones incómodas encuentran una traducción visual en la estética de una nariz considerable, Génisson ha ido construyendo una obra en la que la forma y la situación se transforman mutuamente. Algo similar ocurre en Pampini, S03E01, Yas, Marina (2014), de Lorena Iglesias, donde la aparente subjetividad de contemplar una barca cruzando un río deriva inesperadamente hacia una entrevista de trabajo con recursos humanos de una persona que, en realidad, no desea el puesto. Ese desplazamiento transforma por completo el recorrido inicial y desemboca en los diálogos absurdos e incómodos que caracterizan gran parte de este universo creativo que ambos comparten.
En esa búsqueda de las posibilidades del lenguaje cinematográfico, La Torre (2018) supone una de sus exteriorizaciones más radicales cuando en un momento dado construye una especie de videoclip filmado desde el punto de vista de una persona ciega. La propuesta vincula de manera directa la forma con el dispositivo narrativo, haciendo que la estética no sea un mero acompañamiento, sino la propia condición de la experiencia que plantea la película. Esa exploración de las posibilidades de la imagen digital parece encontrar continuidad en obras posteriores como Canguro a los 40 (2021), donde Génisson trabaja con la lógica expresiva del meme para condensar una microhistoria y convertir un lenguaje propio de internet en una herramienta narrativa.
La sesión propuesta por Filmadrid en la sección de Espejos, Imágenes que preceden acontecimientos desafortunados, recorre las obras realizadas entre 2013 y 2021 y permite observar cómo la sátira atraviesa toda la filmografía de Génisson a partir de un mismo punto de partida: lo cotidiano. Sus películas reflexionan sobre situaciones comunes contadas con muy pocos recursos, pero con una creatividad aforística que se despliega progresivamente hasta hacer resonar las situaciones más banales e incluso aparentemente estúpidas con las formas elegidas para narrarlas. La cámara aparece entonces como una herramienta de aprendizaje, una manera de aproximarse a esa banalidad y, al mismo tiempo, de enseñar al espectador a desafiar los límites de lo absurdo.
Cuando mueres te conviertes en un sitio Pussy in Bio (Julián Génisson). Filmadrid 2026








