Epitafio de una vida en Twitter

Adrián G. Ríos

Con el progresivo desplazamiento de nuestra vida cotidiana hacia el entorno digital, la construcción de la memoria también ha cambiado de soporte. Durante décadas los recuerdos quedaban en cartas, cintas de vídeo o álbumes familiares; hoy, sin embargo, buena parte de nuestra experiencia se acumula en forma de archivos, publicaciones, capturas de pantalla, memes e imágenes compartidas en redes sociales. Fragmentos aparentemente insignificantes que, observados en conjunto, conforman un retrato involuntario de quienes somos y de la época que habitamos.

Entre el diario, el ensayo y la arqueología digital, se encuentra Cuando mueres te conviertes en un sitio Pussy in Bio (2026) de Julián Génisson, que se estrena en la sección oficial de Filmadrid y propone la revisión al archivo personal de Twitter de su propio creador. La película abre con una imagen que opera como prólogo, aviso y explicación de su dispositivo. Sobre una suerte de lápida o féretro digital renderizado en estética de videojuego de 8 bits, se inserta un texto que explica el origen del proyecto: coincidiendo con el éxodo masivo de usuarios de Twitter, Julián decide hacer una pieza con el archivo completo de su actividad en la plataforma entre 2011 y 2025. Desde ese momento, la experiencia de visionado consiste en la adaptación del scroll al formato cinematográfico. De forma cronológica y sin anotaciones, desfilan por la pantalla memes, cursed images, textos, fotografías, capturas de pantalla, montajes, imágenes propias y ajenas, y toda clase de residuos digitales. Cercano al uso del archivo de María Cañas, Génisson utiliza este archivo personal para generar relaciones semánticas entre imágenes aparentemente inconexas. El significado no reside tanto en cada fragmento individual como en las asociaciones que surgen entre ellos, oscilando constantemente entre lo absurdo, lo existencial y, en ocasiones, la crítica política y social.

Superficialmente una acumulación caótica de materiales que indagando en ella termina revelándose como un retrato de cómo construimos nuestra memoria en la era digital. La película acaba transformándose en un autorretrato de su creador. Esa compilación de archivos de años no es azarosa, sino que habla de Julián Génisson, mientras que el Twitter de otra persona habría dado lugar a una película completamente distinta ya que cada algoritmo termina configurando una experiencia única para cada usuario. Como anticipa su propio título, cuando morimos tal vez nos convertimos en un sitio, en un archivo o en un cúmulo de imágenes cuyo contexto desaparece con nosotros. Lo que para quien las compartió estaba cargado de significado, para el observador externo puede no ser más que una sucesión de imágenes absurdas y fuera de contexto. Sin embargo, es precisamente en esa aparente falta de sentido donde Génisson encuentra una forma de memoria contemporánea y, con ella, un retrato tan personal como colectivo de una sociedad que cada vez deja más rastros de sí misma en internet.

 

Imágenes que preceden acontecimientos desafortunados. Filmadrid 2026 – Espejos