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Carlos F. Heredero.

El protagonista de La invención de Morel decide duplicarse a sí mismo dentro de una representación imaginaria que termina por devorar, incluso, al narrador de la novela cuando éste decide abandonar el mundo real y desaparecer entre hologramas tridimensionales en pos de su particular utopía. En sus páginas, un simulacro de realidad cuestiona la noción misma de identidad dentro de una isla que funcionaría perfectamente como metáfora anticipatoria de la Galaxia Marker. A la sazón, el director de La Jetée ha explicado una y otra vez que, para entender la suma de sus trabajos, lo más recomendable es leer aquella novela. Hay quien piensa, incluso, que Chris Marker no existiría sin Bioy Casares.

A estas alturas, de hecho, la entidad y la imagen más conocida a la que podemos tener acceso cuando intentamos acercarnos a este cineasta es el gato Guillaume-en-Egypte, avatar en el mundo mediático y virtual de un cineasta que se hace llamar Chris Marker, que a su vez es uno de los muchos heterónimos utilizados por otro de verdadero nombre (al parecer) Christian François Bouche-Villeneuve, del que tampoco sabe nadie con certeza dónde nació, si en Neully-sur-Seine (Francia) –como dice la Cinémathéque Française– o si acaso en Ulan Bator (Mongolia), como el prestigioso crítico David Thomson asegura que Marker le confirmó en una ocasión.

Tanto si entramos en su oficiosa página web (http://www.gorgomancy.net/), como si nos adentramos en la isla virtual de Ouvroir, en la que Marker –como si fuera el narrador de Bioy Casares– adopta una existencia de holograma pixelado y nos guía por el laberinto de sus fotografías, o si navegamos por las mil ramificaciones de su CD-ROM Immemory, o si consultamos su canal en Youtube (Kosinki’s Channel), o si nos abrimos paso entre los complejos vínculos que todas sus películas trazan entre la realidad, la Historia y la memoria, lo más probable es que acabemos perdiendo el sentido de lo real y que empecemos a interrogarnos, de inmediato, sobre qué es eso a lo que llamamos realidad y en qué consisten o dejan de consistir sus diferentes formas de representación.

Porque de esto último trata, efectivamente, una de las obras más fascinantes del cine, la fotografía y la imagen digital de los últimos sesenta años, con cuyas poliédricas manifestaciones nos podemos encontrar en las cinematecas, en los DVD, en los centros culturales, en los salones del MOMA o de la Fundación Tàpies, en los más insospechados rincones del ciberespacio o tras las más activas revueltas contra la irracionalidad depredadora del capitalismo (Occupy Wall Street, la lucha de los estudiantes chilenos…), aunque, eso sí, sin llegar a tropezarnos nunca ni con su creador ni con su imagen. A la postre, ni siquiera su buena amiga Agnès Varda, que nos ha mostrado las únicas imágenes existentes del ‘laboratorio Marker’ (abarrotado hasta el delirio de pantallas, ordenadores, libros, cables y gatos), ha podido filmarlo a él trabajando con su particular ‘invención de Morel’.

Una invención con la que Bouche-Villeneuve / Marker / Guillaume-en-Egypte / Kosinki nos abre caminos y nos proporciona valiosos elementos de conocimiento y de reflexión para adentrarnos en el laberinto de la vida, del cine, de la Historia y de la memoria de nuestro tiempo. Un viaje apasionante al que todos estamos invitados.