Jara Yáñez
En el que es su primer largometraje, el japonés Yuiga Danzuka parte de su propia biografía para confrontar el retrato de una familia desintegrada, en la que pesan la muerte de la madre y el abandono del padre, con el dibujo de una ciudad de Tokio en pleno desarrollo. Y de este modo, se alternan los planos de carreteras, centros comerciales y calles de la ciudad con la historia del particular reencuentro, años después, entre los dos hijos y el padre Hajime (Kenichi Endo), no por casualidad, un renombrado arquitecto, responsable, en su medida, de ese impulso urbanísitico de la ciudad. Parecen entrelazarse entonces una mirada hacia la familia como institución convencional en decadencia frente a un paisaje urbano que mira al futuro: al fin y al cabo Hajime dejó la familia porque optó por desarrollar su carrera profesional.
Pero Brand New Landscape es una película enigmática, que avanza despacio para, a partir de una primera apariencia de naturalismo, poner en escena las dificultades de comunicación entre los personajes. La música es, sin embargo, el primer elemento que da la pista de la posibilidad de algo más. Y en efecto, el film de Danzuka acaba por convertirse también en una película de fantasmas en la que la que la fusión de tiempos (pasado, presente y futuro) permite una reconciliación de los vínculos familiares que pasa por la aceptación del cambio.








