Àngel Quintana
“¿Por qué estoy aquí?”, se pregunta David, un niño que ha llegado procedente del mar a un lugar extraño, en el que los trabajadores descargan barcos de diferentes muelles y las normas burocráticas pretenden controlar a unos emigrantes que han olvidado sus propias vidas. David llega acompañado de Simón (Manolo Solo), que lo ha encontrado en un barco de emigrantes y decide buscar un refugio en una ciudad que parece suspendida fuera del tiempo. Simón busca una madre para David y encuentra a Inés (Patricia López Arnaiz), que asume la crianza del niño sabiendo que este siempre será un huérfano que quizás no le pertenece porque es de todos. En la escuela, David aparece como un niño diferente, obsesionado por El Quijote y desplazado hacia otros espacios. En un centro de danza encuentra otras formas de aprender y esta será el mundo. Todos estos elementos que configuran un peculiar cuento filosófico forman parte de la Trilogía de Jesús, escrita por J. M. Coetzee y han sido trasladados a una bella película de tres horas y media de duración llamada Aquí, firmada por el portugués Tiago Guedes, producida por Paulo Branco e interpretada por un amplio casting de actores españoles.
Las novelas que componen la trilogía –La infancia de Jesús, Los días de Jesús en la escuela y La muerte de Jesús– carecen de psicología explícita, rehúyen el realismo emocional y están construidas como artefactos alegóricos abiertos a múltiples interpretaciones. La adaptación de Tiago Guedes asume la dificultad que supone partir de un material tan abstracto y encuentra una forma cinematográfica capaz de dar cuerpo al misterio de una identidad imposible de clasificar. David puede ser leído como un niño problemático, un genio imaginativo, una figura mesiánica o incluso como una encarnación del deseo humano de trascendencia. Pero ninguna de esas interpretaciones logra imponerse sobre las demás. Guedes elude la ambigüedad religiosa más evidente y desplaza el centro de gravedad hacia la imposibilidad misma de definir al niño.
Aquí acaba transformando el núcleo de la trilogía en una reflexión más amplia sobre el miedo contemporáneo a aquello que escapa a las categorías. Guedes parece entender que las preguntas fundamentales de Coetzee van más allá del orden religioso para plantearnos: ¿cómo convivimos con aquello que no comprendemos?, ¿qué hacemos frente a una persona cuya identidad no puede reducirse a una sola interpretación? David no aparece como un salvador, sino como una presencia que desestabiliza la lógica racional del mundo. Su diferencia obliga a los adultos a confrontar sus propias limitaciones. Simón e Inés, más que padres adoptivos, terminan siendo figuras enfrentadas a un misterio irreductible: el hecho de que ninguna vida humana puede ser comprendida del todo. La película convierte así el motivo del exilio en una metáfora interior. No somos únicamente quienes recordamos ser; también estamos hechos de vidas latentes, deseos olvidados y experiencias ocultas incluso para nosotros mismos. David encarna precisamente esa opacidad esencial de la identidad. Al final, Aquí funciona menos como una alegoría religiosa que como una parábola sobre el misterio humano y sobre la aceptación de las múltiples vidas que habitan en el interior de cada persona.
Thiago Diegues acaba construyendo una película que en su primera parte parece dispersarse, para ir concretando progresivamente el tono apoyado primeramente por el gran trabajo de Manolo Solo, Patricia López Arnaiz y Sergi López, para conseguir los momentos más intensos en la escuela de danza gracias a las coreografías de la compañía Baro d’evel. El resultado final acaba siendo una película realizada a contracorriente que en vez de dar respuestas sabe construir enigmas poéticos.








