¿De dónde viene la idea de contar esta historia? Todo empezó hace muchos años, cuando una amiga que es madre soltera averiguó quién era su donante y se puso en contacto con él. Acabaron saliendo juntos durante un tiempo y se enamoraron. Era como una especie de fantasía, pero no duraron porque ella se dio cuenta de que eso no era lo que quería. No obstante, siguen en contacto. Además, en 2020 se legalizó en Noruega que una mujer soltera pudiera tener un hijo. Y desde entonces, la demanda ha sido explosiva. Hoy en día, la mitad de las mujeres que acuden a las clínicas de fertilidad son solteras. Esto significa que forma parte, y va a ser una parte cada vez más importante, de la estructura familiar en el futuro. No he visto ninguna película que hable de esto, por lo que pensé que era el momento adecuado para tener esta conversación.
Solomamma parece querer jugar con el thriller para representar el mundo interior y estado emocional de Edith… Me interesaba su trayectoria emocional como madre soltera. Hablé con muchas de ellas para entender por qué se convierten en madres solteras, cómo es esa experiencia, cuáles son sus inseguridades y cómo las ve la sociedad. También utilicé mi propia experiencia como madre en el personaje. Creo que la experiencia de ser madre por primera vez es algo universal. Es un gran impacto. Entiendo que se pueda hacer un thriller sobre esta experiencia, porque ser madre es algo muy transformador, y más aún cuando estás sola. Pero se trataba más bien de un viaje emocional sobre cómo Edith acepta que su elección es la mejor para su hijo y que su familia es una familia completa.
En esta línea, la secuencia de la conversación en la cafetería busca transmitir ese estrés e incertidumbre que siente Edith… Si hablamos de diferentes tipos de estructuras familiares en Escandinavia, nos gusta pensar que están muy bien aceptadas, que todas son tan válidas como cualquier otra familia, pero al mismo tiempo creo que hay miedo a hablar de ello. Y cuando alguien le dice a una madre soltera: “Oh, qué valiente eres”, es como una provocación, porque significa que no entienden lo que es. Ella no se convierte en madre soltera para ser valiente sino porque es la opción que tiene. Edith solo quiere que la vean como una persona normal. Lo mismo con su hijo en la guardería. Cuando sus amigas empiezan a hablar de que quizá el donante esté mintiendo, Edith pone en marcha su proceso de reflexión.
En la segunda reunión entre Edith y Niels rompes la simultaneidad entre imagen y sonido, mostrando el encuentro entre ambos pero introduciendo la grabación de Niels previa a la donación… Hago esto porque conoces a Niels tal y como se le presenta en el perfil de donante, como una especie de producto que el banco de esperma quiere vender, de una forma muy positiva. En principio, esa es la forma en la que también le conoce Edith. Cuando le conoce en persona, vemos al verdadero Niels, que es un poco diferente. Es un hombre que también vive una vida de ‘plan B’ y es un poco inseguro. Cuando le conoce por segunda vez, tiene la fantasía de que él es únicamente el padre de su hijo y no de los niños con los que vivía. Se la van un poco de las manos sus emociones y empieza a imaginar una especie de familia. Estamos jugando con la presentación entre él como donante de esperma y el verdadero Niels y su confusión en torno a todo esto.
En estas conversaciones, cuando Edith habla solo con Niels, los movimientos de cámara son similares a los de la conversación en la cafetería. Pero cuando aparece la hija de Niels, la cámara se aleja de los personajes y se vuelve estática. ¿Buscas transmitir una visión externa de la situación? La primera parte de la película es mucho más ligera y desenfadada, estamos con los personajes y hay cierta libertad en los movimientos de cámara y en los zooms. Cuando ella cruza la línea moral, entramos en elementos más oscuros, más propios del thriller, para tener esa pequeña distancia que permita sentir toda la situación absurda en la que se encuentra y su ansiedad.
Entrevista realizada por videollamada (Madrid–Oslo),
el 8 de mayo de 2026.
Marcos Vasco Martín-Grande








