Los acontecimientos de la actualidad cinematográfica, pero también los de la vida, han querido que, de un modo u otro, la muerte sea protagonista en nuestro número de junio. Y es que despedimos a dos compañeros y amigos: el programador, escritor y músico Fran Gayo y el cineasta Jaime-Ahmad Natche, cuyos prematuros y funestos fallecimientos nos llevan a los textos que les dedican Álvaro Arroba y Manuel Asín, respectivamente. Pero además, Sirât, de Oliver Laxe y Tú me abrasas, de Matías Piñeiro, las dos películas que destacamos de entre los estrenos en salas de junio, contienen en su esencia una valiosa y siempre punzante reflexión sobre el tránsito, sobre la idea de final. Pero… ¿cómo escribir aquí sobre la muerte?

“La muerte no es un fin en sí mismo, sino un medio para sentir con más fuerza la vida”, dice Oliver Laxe en la entrevista que publicamos a propósito de la llegada a las salas, después de su paso por la Sección Oficial de Cannes, de su película. En ella el sirât del título, ese puente que según el islam cruza el abismo del infierno para conectar con el paraíso y que todos deben atravesar, a riesgo de caer, al morir, encuentra una poderosa conexión con la cultura rave. Y así la danza, como forma de trance, se convierte también en mecanismo liberador frente a lo siempre imprevisible, desconcertante, enigmático e incluso misterioso y doloroso del mundo. Una idea de evasión que conduce, a su vez, a la del viaje (sensorial y físico) y a la de la búsqueda, el peregrinaje y el encuentro con el otro como alternativas de refugio posibles. En Tú me abrasas por su parte, una película que se basa libremente en La espuma de las olas, uno de los capítulos del libro Diálogos con Leucó (1947) de Cesare Pavese (cuyo suicidio forma parte también del propio film), se explica cómo las muertes en el mar de la ninfa Britomartis y de la poetisa Safo pueden ser leídas como un mecanismo de salvación, como el único modo posible que encontraron para ser por fin ellas mismas: la muerte entonces como un gesto en intrínseco diálogo con la huida, pero también con el amor y el deseo. Y quizás entonces así, arropados por estas ideas, podemos presentar este número de Caimán CdC como una apuesta, en el fondo, intensa y enérgicamente vitalista.

También porque quizá hay algo en todo esto que nos conecta con un cierto ‘espíritu de la época’ (ese zeitgeist que se suele decir), del que el cine se hace eco (otra vez la vida y el cine), y que tiene que ver con la impresión de habitar hoy un mundo al borde del abismo. Desde un territorio expresivo opuesto, al menos en apariencia, hay de hecho algo de esto a su vez en Misión: Imposible – Sentencia final, la nueva entrega de la saga, que también se estrena este mes después de su paso por Cannes. La película de Christopher McQuarrie se desarrolla no por casualidad a partir del peligro inminente de una guerra mundial sin fin, de una humanidad en permanente amenaza de destrucción atómica total, bajo el dominio de una IA (la Entidad, ese algoritmo sumamente avanzado creado para hackear sistemas y controlar la información global) que se ha hecho con el control y en la que, curiosamente, la salvación pasa por una ‘desconexión’ total. La resolución está en manos, claro está, de la figura ‘mesiánica’ (como dice Àngel Quintana) y acrobática de Ethan Hunt (es el cine de atracciones). Y quizá por eso, porque es la única respuesta que el cine comercial es capaz de ofrecer frente a la complejidad del mundo de hoy, hablamos de la decadencia del blockbuster. Pero  también por eso volvemos aquí a las películas de Laxe y Piñeiro que, de manera mucho más sutil, apenas sugerida, ofrecen otras respuestas posibles. En un momento de Sirât uno de sus protagonistas canta Le Déserteur, aquel tema de Boris Vian que denunciaba la inutilidad, el horror, pero también la vanidad de la guerra. Mientras, en Tú me abrasas el acto creativo (en un film que reflexiona sobre su propio proceso de gestación), el lenguaje y sobre todo, la poesía, se convierten en esos puntos de fuga desde los que la ‘deserción’ puede convertirse, efectivamente, en un buen lugar donde resguardarnos.

Jara Yáñez