El lugar donde se halló el sentido
Martí Boronat Montaner
A Thousand Waves Away (Helena Wittman) es un cortometraje donde, tras una fachada abstracta y experimental, reside una suerte de fábula. Esta forma de expresión donde lo enigmático se refugia (como no podría ser de otra forma) en la naturaleza, evoca a la obra de José Val del Omar, sobre todo en la búsqueda de ritmo, armonía e incluso musicalidad en los elementos naturales primigenios.
Hay un plano que consigue condensar toda la esencia del film, mediante un paneo horizontal se sigue el recorrido de una mano que acaricia lo que parece ser una estatua. Se confirma que es una estatua al aparecer una mano esculpida. A partir de este momento, la cámara cesa su movimiento y deja marchar a la mano real, la orgánica. En el plano siguiente, una chica aparece corriendo, como si huyera de algo. Esta huida, emprendida algo antes, no se logra descifrar si no es conectándola junto con el plano anterior. Parece que pretendiera escapar de un destino inmovilista, supone una rebelión contra el orden natural.
El sonido es el motor narrativo que da cohesión, forma y significado a la obra, además de generar un ritmo que quizá el montaje por si solo no sería capaz de sostener. Los golpes de sonido que se oyen con un ritmo constante, simbolizan ser olas. A su vez las olas buscan representar una forma de medir el paso del tiempo anterior al concepto mismo de ‘tiempo’. El hecho de que actúe como una taladradora incesante, provoca que el espectador se termine acostumbrando sin revelarse contra esa incomodidad, de la misma manera que los distintos personajes que se fusionan y son uno con los elementos aceptan un rol que les vuelve cautivos.
Una imagen reveladora se da cuando una chica se muestra mediante un plano picado, alargando su brazo para taparse del sol. Como en el mito de la caverna, siente ansia por huir para descubrir la verdad, descubrir un mundo abrumador. Hay en ella algo diferente al resto de sujetos que aparecen. Consigue despertarlos, hacerlos sentir. Nada parece tener significado si no forma parte de un conjunto, el global constituye un todo, lo singular y específico aparenta ser vacío e ininteligible. Ya se ha mostrado un ejemplo en este texto. No obstante, el más evidente se da con una serie de pantallas moradas con frases sueltas inacabadas que van apareciendo periódicamente, las cuales unidas forman un enrevesado y profético texto que evoca a los cuentos populares.
Distancias como olas
Vero Ferrari
El cine de Helena Wittmann es un cine de fronteras que buscan ser habitadas, de caminos que se transitan despojados de certezas y de experiencias sensitivas en donde radica el misterio y puede surgir la magia. Luego de las videoinstalaciones Tender Noise at Night (2017) y Wildness of Waves (2019) y los largometrajes Drift (2017) y Human Flowers of Flesh (2022), nos entrega, en formato corto y filmado en 16 mm, A Thousand Waves Away, un ensayo, a modo de cuento de hadas, sobre la necesidad de encontrarse (encontrarnos) en los espacios en donde anida lo natural, pero también sobre la incertidumbre de la misma naturaleza humana.
La artista dialoga con su tiempo a través de una narrativa mínima y una colección de imágenes que tienen como principal propósito la inmersión en lo sensorial como dispositivo de búsqueda, pero también de extrañamiento. En un plano cenital, una mujer deshoja unas flores y las coloca lentamente sobre una tela que sostiene su mano. El rojo de las flores contrasta con el acto mismo de acabar con la constitución de la flor. Un hombre aferrado a un árbol mira hacia el horizonte y mientras lo hace, el tiempo, que retrocede, da sus frutos. Dos mujeres reciben los rayos del sol con distinta actitud. La cámara se extravía en los cuerpos y el espacio que los circunda, mientras misteriosos susurros remplazan por breves segundos la envolvente música, que parece impulsar a los cuerpos, compuesta por Nika Son.
En este espacio bucólico, el simple ejercicio de sentarse en medio de un jardín, dejar que el agua corra por los pies, mirar el movimiento hipnótico de unas esferas de metal que rompen con el paisaje anterior o correr a ninguna parte, nos invita a preguntarnos qué podemos hacer cuando el fin esté cerca, cuando el recuerdo sea completamente inalcanzable, cuando la incomunicación se imponga. Wittmann captura el sentimiento de lo inasible y permite que convivan las emociones en medio de una materialidad cargada de intensidad y extrañeza, y en donde, al fin y al cabo, lo táctil se superpone, mientras nuestros sentidos lo permitan, pues nada remplazará la experiencia de lo humano, así estemos llenos de temores y opacidades, así no haya ninguna claridad sobre el futuro.








