Carlos F. Heredero

Tercer largometraje del también actor Jesse Eisenberg como director, The Debut recorre puntualmente, uno por uno, todos los tópicos de dos géneros sobradamente codificados en la tradición del cine industrial de Hollywood: el musical que narra el camino hacia el triunfo de una debutante sin experiencia y el women’s picture que cuenta el camino de superación personal y de reencuentro consigo misma de una ama de casa sometida al rol subalterno que la familia patriarcal la tiene reservada. La confluencia de ambos modelos genera, en este caso, un amable caramelito en forma de crowd pleaser que se sostiene, básicamente, porque su protagonista es una magnífica y conmovedora Julianne Moore (como siempre) y un no menos convincente Paul Giamatti en el rol de otro arquetipo bien conocido: el director de escena exigente y un punto tiránico capaz de extraer lo mejor de sus actores.

Que aquí el escenario sea el de un humilde teatro comunitario y que la obra a representar hable, por sí misma, de las penurias de la vivienda en un barrio humilde y marginal de Nueva York, en contraste con el entorno social de una acomodada clase media en la que inicialmente vive la protagonista, añade un interesante comentario social a un film cuyos personajes no se mueven entre las bambalinas rutilantes de Broadway, sino en una humilde periferia en la que se cultiva la pasión más inocente y más vitalista por el arte de la representación. Con todo, Eisenberg no consigue trascender ninguno de los tópicos sobre los que se sostiene la propuesta y su película no pasa de ser un modesto y aplicado ejercicio de realización que respira, eso sí, amor y cariño por sus personajes.