Cristina Aparicio
En Morro existe un cuidado equilibrio entre dos maneras de mirar el mundo: por lado, está la observación de lo más pequeño, con planos detalle que muestran manos que acarician y curan, heridas que sangran, rostros que rabian, que sufren, ojos que lloran sin lágrimas… Por otro lado, está esa otra manera más general de atender al contexto que permite situar esas partes pequeñas con relación al lugar en el que se encuentran. Y así, con una combinación de ambas miradas, de ambos tipos de plano, es como Rodrigo García Saiz consigue llevar al espectador de lo concreto y específico a lo global y amplio. O, dicho de otro modo, hace que destaque la humanidad por encima de lo mundano. En el cine, la forma en que en que se cuentan las historias depende siempre de la manera en que se habita y piensa el mundo, que no es otra cosa que la forma de mirar. Por eso, detrás de cada movimiento de cámara y de cada encuadre hay una intención que, por supuesto, es política: los primeros planos reservados para el veterinario rural Mateo (Gustavo Sánchez Parra) o para Morro, el perro malherido de un narco, así como para tantos otros animales que pueblan esta historia, son una declaración de intenciones.
Se trata de un compromiso con quienes tienden a ubicarse en los márgenes de los relatos, al borde de la Historia. En Morro son precisamente ellos los protagonistas, puesto que al hacerse visibles se apoderan de la narración. Pero incluso al conseguir tener voz, estos personajes prefieren seguir callados: sin apenas diálogos, el film transmite su mensaje mediante un sofisticado juego de planos y contraplanos que se responden, se complementan, que revelan pensamientos y emociones muy profundas con las que resulta muy sencillo identificarse. Porque Morro está pensada desde las imágenes y desde su dimensión sonora (tan de la tierra y el aire, de lo natural que lo envuelve todo), pero también desde la necesidad de encontrar algo de esperanza entre tanta violencia. Así es como el cine se vuelve un instrumento poderoso: cuando es capaz de arrojar algo de luz sobre las tinieblas que siempre acechan.











