Eulàlia Iglesias
Hace un par de años, Judith Godrèche estuvo presente en la inauguración de Un Certain Regard con su corto Moi aussi, una alegoría un tanto ensimismada del movimiento #MeToo que había estallado en Francia recientemente, gracias, en parte, a su iniciativa. Ahora ha regresado a la misma sección con un largometraje a concurso, Mémoire de fille, adaptación de la novela homónima de Annie Ernaux, que cuenta con el visto bueno de la autora, presente en el estreno del film en Cannes. No sorprende que Godrèche se haya interesado por el libro en que la premio Nobel relata su primera experiencia sexual, cuando apenas tenía dieciocho años, con un chico mayor, la confusión que le generó y el impacto que dejó en su vida.
La película también se aparta de las rutinas de las historias de iniciación sexual, la mayoría construidas desde un imaginario masculino. La protagonista es una muchacha todavía menor de edad, Annie, hija de una familia de clase obrera de tenderos católicos, con ansias de abrirse al mundo. Por eso se apunta a trabajar de monitora de colonias en un centro vacacional cercano. Allí espera impregnarse de la modernidad y los estímulos que echa en falta en su pueblo. En esta primera parte del film, Godrèche plasma la atmósfera cargada de sexualidad latente que se respira en un recinto cerrado donde conviven chicos y chicas muy jóvenes, aislados del mundo adulto. La protagonista se muestra receptiva a este ambiente y, para su sorpresa, el monitor jefe acaba coqueteando con ella. Y se la lleva a su dormitorio. La película pone en escena este primer encuentro y otros posteriores desde el extrañamiento y la incomodidad que siente la muchacha. Lejos de los relatos románticos, Annie se encuentra inmersa en una situación dominada y conducida siempre por su pareja masculina, en la que ella no sabe cómo reaccionar. Aunque la relación parezca en principio consentida, el hombre no tiene en cuenta en ningún momento su voluntad, placer, experiencia o sentimientos. Al hecho de que la muchacha no sea capaz de procesar lo que le está pasando se suma el juicio moral al que le someten sus compañeros. Todo ello provoca en Annie un trastorno de conducta alimentaria (todavía no se llamaban así), que no superará hasta que empiece sus nuevos estudios en Rouen y conecte allí, ahora sí, con otros aires que le permitirán dejar atrás ese periodo.
Aunque Godrèche introduce el personaje de la Ernaux adulta (Valérie Dréville) leyendo su propio libro como marco de la narración, y la voz en off literaria puntúe el principio y el final del relato, Mémoire de fille se desarrolla desde los códigos de una adaptación en exceso convencional que no sabe trasladar a la pantalla el pulso de la obra literaria. La directora carga buena parte del peso del film en la joven actriz protagonista, Tess Barthélemy, su propia hija. La intérprete aporta esa dimensión de inocencia que necesita el personaje y subraya la identificación de la directora con el personaje. Pero carece de la experiencia necesaria para transmitir desde su gestualidad toda la experiencia subjetiva que atraviesa la historia. A Godrèche también le faltan recursos para dotar de mayor riqueza contextual a su film. Como su corto Moi aussi, el final, aunque interpela a toda la audiencia, también tiene algo de autoreferencial: la reconexión entre el personaje adulto y esa niña perdida en su relación con un hombre mayor.








