Eulàlia Iglesias

El segundo largometraje como directora de Manuela Martelli (que esta pasada temporada consiguió la mayoría de premios a la mejor actriz en los festivales donde se presentó su último trabajo como tal, God Will Not Help) arranca con la imagen televisiva del corte de un iceberg. En 1992, el Gobierno de Chile decidió que su aportación a la Exposición Universal de Sevilla sería un bloque de hielo monumental transportado desde el Antártico. El motivo también inspira esta nueva incursión en la memoria reciente de su país de Martelli. Como en la anterior 1976 (2022), la directora opta por una perspectiva diferente a la del cine político tradicional, en este caso para plasmar de qué manera las políticas del olvido quedan instaladas en la sociedad chilena más allá de la dictadura. El deshielo se sitúa en una estación de esquí remota donde reside la pequeña protagonista, Inés, una niña al cuidado de sus abuelos, propietarios del hotel donde transcurre la acción, mientras sus padres se encuentran en España con motivo de la Expo 92. La película se concentra en esta localización aislada con sus propias formas de funcionamiento interno en lo que a división de clases se refiere. Sin otros niños con quien jugar, Inés se siente fascinada desde el principio por Hanna, la única integrante femenina de un equipo de esquí juvenil que está de prácticas en las instalaciones. Entre los dos personajes se desarrolla una inesperada amistad, hasta que Hanna desaparece una noche sin dejar rastro.

El deshielo desplaza la experiencia de los desaparecidos a otro contexto del Chile contemporáneo: ya no estamos bajo el régimen de Pinochet, tampoco nos situamos en un núcleo urbano y Hannah es una deportista europea sin ningún tipo de militancia política. El relato de su desaparición entronca con otros más propios del cine moderno, de La aventura (1960), de Michelangelo Antonioni, a Picnic en Hanging Rock (1975), de Peter Weir, más que con los filmes históricos sobre el tema. Pero su ausencia despierta en Inés una mirada interrogativa respecto a las reacciones de los adultos. La volatilización de Hannah pone en evidencia el desinterés, la mala praxis o el conservadurismo del mundo adulto respecto a estos hechos. Y apunta a una visión más allá de Chile en lo que a ‘deshielos’ se refiere: la Expo 92 nos recuerda la supuesta entrada de España en la modernidad democrática internacional, y la madre de Hanna introduce el contexto del final de la guerra fría en Europa, con sus propias cicatrices abiertas. Aunque oportuna, esta visión transnacional diluye un tanto el foco de un film que encuentra buena parte de su fuerza en el encapsulamiento geográfico, el punto de vista infantil, la dimensión más atmosférica que narrativa, y la perspectiva tangencial en la aproximación a la figura del desaparecido en el Chile contemporáneo.