Àngel Quintana
El actor y director Rudi Rosenberg aborda en Quelques mots d’amour una reflexión sobre la familia, planteando un debate entre la familia convencional y la familia biológica, creada por lazos inciertos de paternidad. La acción de la película se desarrolla en Sarcelles en 1995. Erika (Hafsia Herzi) se ha hecho cargo sola de sus dos hijos, sin que estos hayan conocido nunca la figura paterna. A los trece años, Abigaïl tiene la intuición de que su padre la ama y de que se encuentra en algún lugar esperándola. La imagen idealizada de un padre desconocido marca su adolescencia, junto al deseo de formar una familia canónica y recuperar al padre ausente. La película es la crónica de la búsqueda de ese padre desaparecido, en cuyo trayecto aparecerán una hermana desconocida y algunos secretos en torno a su nacimiento.
Rosenberg construye un melodrama popular que cae con facilidad en situaciones obvias y carece de demasiados contrastes. En el interior de la película aparece una subtrama marcada por un perro abandonado que la familia de Abigaïl acoge. Su pérdida provoca un debate sobre la propiedad del animal cuando aparecen sus antiguos dueños. Este contrapunto acentúa un tono demasiado explícito en una película cuyos mejores momentos residen en el uso de los personajes secundarios que pueblan el entorno. Rosenberg decide romper con ciertos estereotipos y busca en la excentricidad de esos personajes el riesgo que la película no asume en la sentimentalidad de sus planteamientos.
Eulàlia Iglesias
Como La buena hija (2025), Quelques mots d’amour resigue el proceso de una joven para asumir que su padre no la quiere. El escenario de la nueva película de Rudi Rosenberg difiere sin embargo del del film de Júlia de Paz. En este caso, nos encontramos ante un progenitor que se desentendió de su hija, Abi, en cuanto supo que la madre, Erika (Hafsia Herzi), estaba embarazada. Así que la mujer ha criado sola a la niña junto a un hermano pequeño, hijo de otro hombre. Mientras que Erika asume la situación, la pequeña quiere sentirse reconocida por un padre que la ignora, una obsesión que se acentúa en su adolescencia.
Rosenberg inscribe este conflicto dramático en un retrato del día a día de una banlieue. Quelques mots d’amour entronca con una tendencia reciente de plasmar la rutina en los barrios periféricos lejos del miserabilismo, la estigmatización o la excepcionalidad. Hafsia Herzi es la única actriz profesional del elenco, de manera que, además de los niños, los personajes secundarios están encarnados por intérpretes no profesionales que inyectan frescura a los personajes. Existe en Quelques mots d’amour una clara vocación de restaurar una idea de comedia popular de clase obrera que conecta con el público desde códigos por momentos cercanos a la docuficción. El humor apunta a menudo a un cierto costumbrismo realista que funciona bien la mayoría de las veces, sobre todo en su registro menos encorsetado, aunque en algunos momentos roce cierta autocomplacencia. Los personajes secundarios también descargan de gravedad la historia principal en torno a la insistencia de Abi por conectar con su padre y las tensiones que esto genera a su alrededor. Quelques mots d’amour reivindica, a partir del proceso de desencanto de la muchacha, la familia y la comunidad cotidianas frente a la idealización de un padre biológico que nunca ejerció como tal. El último plano, dedicado a Erika fumándose tranquilamente un cigarrillo en el balcón de su casa después de que todo por fin se haya calmado, certifica esta reivindicación sin aspavientos de esas madres que siempre están ahí.








