Jara Yáñez
La ópera prima de la marsellesa Prïncia Car parte de un largo taller de cine que, en el marco de una escuela de cine alternativo fundada por ella misma, ha seguido durante ocho años al grupo de jóvenes que no solo protagonizan el film, sino que son coguionistas del mismo y cuentan parte de sus propias vivencias. En Les filles désir seguimos a Omar (Housam Mohamed) y su pandilla de amigos en torno a su concepción del deseo, el sexo y, sobre todo, las mujeres y su relación (o falta de) con ellas. Para estos jóvenes franceses, las mujeres son putas o vírgenes y efectivamente, las dos protagonistas femeninas del film, Yasmine (Leïa Haïchour) y Carmen (Lou Anna Hamon), las únicas que forman parte del grupo de amigos, representan, cada una de ellas, uno de los dos ‘estereotipos’.
Y hay también un cierto cliché con respecto a lo que las películas sobre adolescencia y juventud se refiere (también en cuanto a la estética y la forma de la propia película). Pero lo más valioso de la propuesta de Prïncia Car es el modo a través del cual juega con la coralidad. Les Filles désir salta del punto de vista de Omar, un hombre al que no solo la presión del grupo, sino también su propia concepción del amor romántico (los cuentos de princesas están siempre como telón de fondo) le resulta limitadora y conflictiva, al de las dos chicas que, finalmente, encontrarán la una en la otra el mecanismo posible para escapar de esos esquemas sociales impuestos en los que se sienten atrapadas. Con todas sus carencias y sus irregularidades (entre las que destaca uno uso muy convencional y excesivo de la música como potenciadora de emociones), Les Filles désir resulta clara y poderosa en su reivindicación de esa emancipación feminista que es la de las mujeres, pero también necesariamente de los hombres.








