Àngel Quintana
En Tangles, la enfermedad de Alzheimer no es únicamente el centro del relato sino el acontecimiento que altera el tejido de una familia. La película parte de la novela gráfica autobiográfica de Sarah Leavitt, publicada en 2010, Tangles: A Story About Alzheimer’s, My Mother, and Me y de los materiales íntimos que dieron origen a aquella obra, como los diarios y dibujos que Leavitt fue realizando durante los años de la enfermedad de su madre, junto a los escritos que la propia madre dejó como huellas de sí misma. El paso del diario al cómic y del cómic a la película establece así una cadena de formas que quieren conservar aquello que amenaza con desaparecer.
Leah Nelson, que firma su primer largometraje, convierte ese material en una animación dibujada a mano, en blanco y negro, de trazo simple, casi elemental. La elección no busca embellecer la enfermedad sino preservar la fragilidad de las imágenes de Leavitt. Tangles no intenta penetrar en la conciencia de la madre enferma. Todo queda filtrado por la mirada de Sarah. El alzhéimer aparece menos como una experiencia interior que como una fuerza que modifica las relaciones entre quienes rodean a Midge, la madre. La enfermedad reorganiza los afectos, los espacios domésticos, las responsabilidades y hasta las formas de comunicación. En este sentido, la película es también una historia sobre quienes viven junto a la enfermedad, como el padre, la hermana que se casa con un joven judío y, sobre todo, sobre una hija que debe aprender a ocupar un lugar que no había elegido. Pero reducir Tangles a una película sobre cuidadores sería igualmente insuficiente. Sarah nos cuenta, al mismo tiempo, el descubrimiento de su propia identidad. Ha abandonado una pequeña ciudad conservadora para instalarse en el San Francisco de los noventa, donde desarrolla una actividad artística y una vida afectiva queer. Su regreso al hogar familiar supone, en cierto modo, un retorno a aquello de lo que había intentado emanciparse. La relación amorosa entre dos mujeres forma parte de la vida de Sarah con la misma naturalidad que su trabajo, sus elecciones y sus contradicciones. Por eso el gran tema de Tangles es el de una formación. Sarah vuelve para cuidar a su madre y termina descubriendo otra manera de comprenderla, pero también otra manera de comprenderse a sí misma. La enfermedad materna funciona como una fractura que obliga a revisar los vínculos familiares, pero también como el contexto en el que una artista encuentra una forma de expresión. Lo que empezó siendo un diario privado acabó convirtiéndose en una novela gráfica y, años después, en una película. La trayectoria de Sarah se confunde así con la propia trayectoria de las imágenes.











