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Dos películas ucranianas dialogan desde secciones diferentes en la 68 edición de la SEMINCI: Conscience en ‘Memoria y Utopía’, y Stepne en ‘Punto de Encuentro’. La primera es un film de 1968 que explora los tiempos de ocupación nazi en la Ucrania rural mientras que la segunda revisa en pleno 2023 la historia de opresión que ha marcado (y sigue marcando) al pueblo ucraniano. Cada una de estas películas es hija de su tiempo, pero lo interesante es que ambas plantean una reflexión sobre la Historia, la guerra y el lugar del Otro. Ganadora del Premio a la Mejor Dirección en el Festival de Locarno, Stepne (ópera prima de Maryna Vroda) se aproxima a la realidad social y política de un país desde su propia memoria, reflejada en los testimonios de personas reales que retrata con su cámara, desdibujando las líneas que separan la ficción de la no ficción. La multiplicidad de individuos y sus relatos se reúnen en esta pieza de apariencia atemporal, jugando con la ambigüedad de un presente en constante contacto con el pasado. Todo esto relacionado con la trama central de la película: la de un hijo que retorna a casa para cuidar a su madre en sus últimos días de vida. En una secuencia donde él revisa los objetos de antaño que su madre guarda, este hombre encuentra un reloj que no funciona y un violín sin cuerdas que, no obstante, procede a tocar. Y en ese sonido que produce la ausencia de música se halla la melodía de Stepne: la de un pasado que nunca se va, incluso cuando en apariencia ha dejado de existir. Daniela Urzola