Fernando Bernal

En esta edición de SEMINCI, la sección Punto de Encuentro ha dado pie a descubrir parte de la pluralidad de miradas que habitan en el cine de autor brasileño en la actualidad. Dejando a un lado a nombres como Walter Salles o Kleber Mendonça Filho, aunque este último, en realidad, solo comenzó a resonar más allá de la cinefilia con El agente secreto (2025), a pesar de su monumental obra previa, el cine de una industria tan potente como Brasil suele permanecer al margen de los estrenos comerciales. Películas como Our Secret, de Grace Passô, Isabel, de Gabe Klinger, o esta que nos ocupa sirven para avanzar una riqueza en la pluralidad de miradas, y un afán por abrazar la heterodoxia alejada de la convenciones y no exenta de un afilado y necesario subtexto político. André Novais Oliveira, cuyas películas y cortos anteriores han tenido un amplio recorrido en festivales, propone en Se eu fosse vivo… vivia una película dramática, pero con un sentido del humor sutil que sirve, además, para abrir la puerta a un desconcertante elemento fantástico que recorre con cautela todo el film.

Se trata de una obra que se fractura voluntaria y desprejuiciadamente en dos películas, marcadas por dos tiempos históricos diferentes. Se trata de la historia de una pareja que se conoce en los años setenta, en la localidad de Contagem, y que después de cincuenta años, comparten su vida siendo ancianos. La primera mitad, rodada en 16 mm y con un aspect ratio de 4:3, transmite una sensación de contagioso hedonismo adolescente, como la música funk que suena en la primera cita de los protagonistas. Tras una prolongada elipsis, el film sitúa a los personajes en la actualidad, ya filmados con un formato panorámico, viviendo los últimos años de sus vidas. No conviene desvelar mucho más sobre la trama, tan solo apuntar que la pasión del hombre por los ovnis marca definitivamente el desarrollo del film. Y ya es suficente. Porque esta segunda parte, lejos de la lectura más obvia que ofrece la primera como presentación de la acción, se convierte en un misterio indescifrable que rebosa ternura y imaginación, y que rompe con unas reglas que, en realidad, el film nunca ha demostrado asumir como suyas.