Fernando Bernal

Resulta inesperado el giro –o puede que se trate simplemente de probar nuevas formas de expresión– que ha tomado la filmografía de Gabe Klinger con su tercera película. Su primera obra fue Double Play (2013), un documental dedicado a las figuras de dos de los directores esenciales del cine contemporáneo estadounidense como James y Richard Linklater. Precisamente, la influencia de este último se percibía de una manera determinante en su segundo film, Porto (2016), la crónica de una amor fugaz entre una portuguesa y un americano en la ciudad del título. Ahora, con Isabel, el cineasta brasileño rueda en su país un film que hace de su ligereza y de sus cotidianas ambiciones, no exentas de intención en su mensaje, sus principales bazas narrativas. Se trata de una comedia enológica, retorciendo la ortodoxia de la nomenclatura genérica, sobre una sumiller que trabaja en un restaurante de alta cocina en São Paulo y que quiere montar su propia bar, en el que servirá solo vino ecológico que ella misma producirá de una  manera alternativa.

Ese tono en el que la comedia aligera el drama domina el film, algo que se ve apuntalada tanto por la sutil dirección de Kingler, como por el acertado uso del montaje y la presencia constante de la música como un elemento que embriaga lentamente, como lo hace el propio vino. Filmada con absoluto mimo en 16 mm, el film sigue a la emprendedora Isabel, interpretada por Marina Person, que también figura como coautora del guion, en su deseo de demostrar que el éxito es conseguir aquello que uno quiere. Klinger, cineasta y también docente, mira de reojo a cierto cine independiente americano de principios de siglo en lo que se refiere a los matices con la que está construída la historia, Sin embargo, su mensaje de crítica hacia el poder imperialista y su alabanza del trabajo comunitario frente al individualismo capitalista aportan a la historia un componente político, que en su resolución recuerda a la camaradería solidaria que se establece en las películas de Robert Guédiguian, en las que el fracaso solo implica un nuevo comienzo.