Fernando Bernal

Los inicios de Grace Passô como creadora se encuentran ligados a la compañía teatral Espanca! de la que fue una de sus fundadoras hace veinte años. Ahora, para dar su salto a la dirección de largometrajes, la dramaturga y actriz brasileña adapta –más exactamente, revisita– Amores sordos (2006), una de sus propias obras. Los protagonistas del film son los miembros de una familia afrobrasileña de Belo Horizonte, una madre y sus hijos sumidos en el duelo por la pérdida del padre y refugiados en un hogar que oculta secretos y que se convierte en un espacio emocional donde se amontonan los recuerdos. Cada miembro de este núcleo afronta el dolor y el sufrimiento a su manera y con sus propios resortes de resistencia, y de una manera especial lo hace el niño más pequeño que tiene una relación extrasensorial con el lugar, en el que comienza a percibir sucesos y presencias extrañas. Mediante él, la película introduce dentro de su aparente naturalismo un elemento fantástico-cotidiano realmente sugerente y que permite al pequeño mantener una conexión con su padre fallecido. La casa retiene a los personajes, casi los obliga a permanecer juntos, y la cámara se convierte en un sujeto más, no en el sentido literal, sino que también ocupa con respeto sus espacios, de una manera que recuerda a los modos de Cristi Puiu en las largas secuencias que componen Sieranevada (2016).

Pero en lugar de encontrarnos ante una disección de carácter quirúrgico y dialéctico, como la que proponía el director rumano en su película, aquí se trata de encontrar una dimensión de tremenda fisicidad a las texturas y las imágenes que se explicitan a raíz de una exquisita, y casi espectral, planificación, que siempre busca acentuar esa sensación de extrañeza, como si los protagonistas estuvieran viviendo una alucinación colectiva retroproyectada en el tiempo y en el mismo espacio. A nivel textual, y de una manera siempre sutil, el film habla de problemas íntimos, pero hace resonar su discurso familiar más allá de la casa y se convierte, de este modo, en una reflexión política a propósito de la situación y del sufrimiento de todo un pueblo al que pertenecen los protagonistas. Se trata de indagar en la cuestión de los recuerdos familiares, a través de unos cuerpos que se relacionan entre gestos y palabras, para, de manera paralela, también reivindicar la memoria de varias generaciones oprimidas a lo largo de la historia.