Carlos Losilla
Esta es una historia, entre otras muchas cosas, sobre un hombre que apenas habla, o que no puede hablar. Su mujer, por el contrario, es muy charlatana, y eso la lleva a intimar con una documentalista que termina interesándose por la peripecia laboral de ambos, especialmente intrincada. Inspirada en el décimo episodio del Decálogo de Kieslowski, el dedicado al mandamiento ‘No codiciarás los bienes ajenos’, Possible Love es un film sobre dos parejas, pues la documentalista tiene un marido rico como ella, un emprendedor a punto de cerrar un trato que le supondrá mucho dinero, más del que pueden soñar el hombre que no habla y su mujer. ¿Es Possible Love, entonces, un film que tampoco puede hablar, por mucho que en él abunden los diálogos? Podría ser, pues en la última película de Lee Chang-dong las palabras están por todas partes, pero no siempre son significativas, sino que más bien, muchas veces, ocultan algo. Y lo que realmente importa va surgiendo poco a poco, como si el film también se resistiera a hablar y lo hiciera a medida que avanza. Esta es una ficción, pues, sobre los fantasmas del lenguaje, que se hacen imagen en el film que graba la documentalista. Sin embargo, también es una historia sobre lo que no se puede decir, sobre lo que el lenguaje —verbal, cinematográfico— todavía no sabe cómo nombrar: la explotación laboral, el capitalismo en su estado actual.
El hombre que no habla fue despedido tras un lance especialmente doloroso, tras protagonizar una huelga que terminó en violencia, sobre todo para él. Y ese acontecimiento, la película lo filma dos veces, como si no supiera cómo ‘decirlo’, o como si no encontrara el tono justo. En la lucha de clases, y a la hora de describir el capitalismo, lo no-dicho es tan importante como lo poco que se puede decir, lo mismo que sucede en las relaciones amorosas: la esposa del hombre que no habla sentirá una fascinación por el emprendedor que se corresponde con la que experimenta la documentalista por su marido. ¿Es el amor posible, también, uno de esos bienes que no se deben desear, a riesgo de caer en la afasia sentimental, quizá parecida a esa luna que todos terminan contemplando fascinados? Uno de los sonidos finales del film no es una palabra, sino que procede de un silbato que pertenece a la pareja adinerada pero termina en los labios del hijo pequeño de la pareja desfavorecida. Decíamos, a propósito de A veces siento tristeza, otras veces rebelión, que el cine aún debe encontrar su manera de plasmar estéticamente los tiempos políticos que corren. Pues bien, Possible Love lo intenta con todas sus fuerzas mediante una no-estética calculada al máximo, desplegada con inusitada parsimonia. Hacia el final quiere cerrar demasiadas cosas, en ocasiones convierte la sugerencia en explicitud, pero no importa: todo es una cuestión de ritmo, de duración, que acaba explotando, rompiendo a hablar, como el hombre callado y triste que lo inicia todo.











