El segundo largometraje de la directora iraquí Kurdwin Ayub plantea una cuestión: ¿prima la justicia sobre la supervivencia? La película no ofrece respuestas, sino que construye dudas que se van desarrollando de manera asfixiante a medida que avanza la trama. La directora explora diferentes realidades y cómo afrontar sus consecuencias o sus soluciones, retando tanto a las protagonistas como al espectador, quien se convierte en partícipe de esa reflexión incluso al salir de la sala de cine. Como ya hizo en Sonne (2022), Ayub pone el foco en las adolescentes musulmanas contemporáneas, quienes luchan por mantener y/o recuperar su identidad y libertad y salirse de las normas establecidas. Además, como expresó en una revista para The independence, el de las diferencias culturales es un tema que le interesa especialmente a la directora por su propia vivencia como migrante y habitante de dos culturas.
En esta historia, utiliza como contrapunto al personaje de Sarah, entrenadora personal y apasionada de las artes marciales que sirve como nexo hacia otra realidad diferente a la de las hermanas. La película juega constantemente con la dualidad: los hombres opresivos frente a las mujeres que quieren escapar del patriarcado; las diferentes formas de ser mujer en el mundo; las diferencias culturales entre Jordania y Austria; el papel de tirano y el papel de la víctima; o los interiores opresivos en los que se construye la mayor parte de la narración en contraposición con los breves planos del exterior. Las redes sociales y la globalización también juegan un papel relevante, tanto por presencia como por ausencia, y en este caso representan la vía de escape al mundo y la libertad tan ansiada por las hermanas. Con todo esto, ¿qué hacer cuando una mujer fuerte e independiente, que no solo sabe defenderse, sino que enseña a otras mujeres a hacerlo, se encuentra ante una encrucijada? La tensión se construye con un pulso preciso y violento pero al mismo tiempo reservado, evitando el voyeurismo. Puede que tenga el arrojo para salir airosa de la situación, o que la supervivencia le lleve a tomar otras decisiones, en cualquier caso, no hay juicio en la mirada de Ayub, sino que los destellos de dudas e incertidumbres ofrecen un profundo sentido de humanidad.
Clara Tejerina











