Felipe Rodríguez Torres
La ópera prima de Ana Bovino, Las noches, se presenta como un artefacto formalmente híbrido que transita la difusa frontera entre lo observacional y lo fabulesco. La propuesta orbita alrededor de La Pichi, una mujer de la periferia bonaerense cuya existencia se redefine de manera constante a través de lo verbal. Evocando explícitamente el mito de Sherezade, Bovino ensaya aquí un ejercicio metalingüístico donde la narración oral no es un mero vehículo de evasión, sino un mecanismo ontológico de resistencia y autorrepresentación frente a la hostilidad del mundo real.
La cinta evita con acierto caer en las habituales trampas del miserabilismo y la condescendencia paternalista, para en su lugar, optar por un dispositivo lúdico que otorga la total soberanía del relato a su protagonista. Pero este encomiable punto de partida revela unas irregularidades en su traducción formal. La oscilación entre la captura directa de lo cotidiano y la escenificación de corte teatral provoca un ritmo intermitente; por momentos, la puesta en escena parece subordinarse por completo al carisma magnético de La Pichi, restando rigor formal a la composición visual en favor del testimonio oral.
Y aunque la hibridación de texturas y códigos de la cultura popular dota a la obra de una innegable singularidad, la reiteración de ciertos pasajes narrativos puede llegar a aplanar la tensión dramática del metraje total. A destacar eso si, su tratamiento sonoro, que logra construir una atmósfera envolvente que amplifica los silencios de la noche, compensando la voluntaria austeridad de su propuesta plástica.
En definitiva, Las noches funciona como un sugerente documento sobre el derecho a narrarse y (re)crearse a uno mismo y la importancia de la imaginación para transformar el territorio. Sin embargo, su irregular equilibrio estructural impide que la potencia teórica del gesto termine por cristalizar en una experiencia cinematográfica plenamente cohesionada, quedando como un ejercicio formal tan valioso y sugerente como irregular.








