Print Friendly, PDF & Email

Tenía que llegar February, casi al final de este festival sevillano, para plantear de manera explícita una de las cuestiones fundamentales que ha sobrevolado su sección oficial: ¿qué es el tiempo ahora mismo para el cine, el tiempo que vivimos y el que hemos vivido? La respuesta no está clara, ni siquiera a estas alturas, pero la película de Kamen Kalev proporciona algún atisbo: crónica de una vida contada en tres momentos, de la infancia a la vejez, February no cree tanto en la cronología como en la simultaneidad. Y cuando, en su último segmento, una voz en off habla de nuestros ancestros como de un desfile de espectros que cada vez se van haciendo más indistinguibles, con sus rasgos que se confunden y superponen en nuestra memoria, sabemos ya a qué atenernos: no estamos ante una película sobre las distintas etapas de la vida, sino ante un ensayo acerca del tiempo en sí mismo y de nuestra condición de marionetas en sus manos.

La lectura más fácil diría que February es una oda panteísta, el elogio de un personaje que no concibe otra vida que aquella que transcurre junto a la naturaleza. Pero esa no es su decisión, sino su destino. El ritmo calmo de la narración, las elipsis gigantescas, los encuadres inmóviles y contemplativos, no son nada en comparación con una energía en principio invisible, que Kalev nos da a ver no se sabe muy bien de qué modo, como si el pastor protagonista obedeciera a un estoicismo irreversible: esa es la vida que tenía que vivir y ahí termina la historia. Por eso nunca hay explicaciones que valgan, ni siquiera las que pide el inquisitivo oficial que le toca en suerte en el servicio militar. Y por eso lo único que puede servir de consuelo es la libertad narrativa y conceptual de la película, que a medida que avanza va rompiendo con sus posibles referentes (digamos que un cierto cine del vacío y de la observación) para lanzarse a un abismo fascinante, que mezcla voces y tiempos, modos de filmar y de editar (Kalev es también guionista y montador), en lo que finalmente supone un absorbente, embriagador cuaderno de apuntes para un posible cine futuro.