A pesar de que Todo saldrá bien mantiene una línea temática con sus anteriores trabajos, especialmente con Suk Suk (2019), en el tratamiento de la familia y la homosexualidad en edades avanzadas. ¿Por qué eligió en esta ocasión a personajes femeninos? En 2020 fui a una charla sobre los derechos de herencia de las personas LGTBQ en Hong Kong. Durante la charla el ponente citó algunos casos muy similares a la historia de Todo saldrá bien en los que una persona fallece y su pareja de toda la vida básicamente lo pierde todo. Le pedí a la persona de la charla que me pusiese en contacto con estas personas y pude entrevistarlas. Resultó que los tres casos de los que hablaba eran mujeres lesbianas cuya pareja había fallecido por lo que cuando me puse a escribir la historia sentí que lo apropiado era hacerlo sobre una pareja femenina. Creo que en un principio no lo entendía, pero luego comprendí por qué eran mujeres. Se trataba de mujeres de unos sesenta o setenta años que, cuando conversaban sobre su vida de hace treinta o cuarenta años, quedaba claro que dos mujeres viviendo juntas sin estar casadas podían, para la sociedad o sus familiares, no ser consideradas lesbianas. Podían fingir que simplemente eran dos mujeres solteras que buscaban compañía. Sin embargo, hace cuarenta años, si dos hombres vivían juntos sin estar casados, todo el mundo asumía inmediatamente que eran homosexuales y, por tanto, no había ninguna posibilidad de que fuesen aceptados o siquiera invitados a eventos o reuniones familiares. Así que jamás tendrían la oportunidad de engañarse a sí mismos creyendo que han sido aceptados por sus familias, estarían más dentro del armario. Pero en el caso de dos mujeres, pueden fingir que son mejores amigas y la familia, a su vez, puede hacer como si fueran simplemente eso: mejores amigas. Creo que es esa situación curiosa en la que todos, de algún modo, evitan decir la verdad, y de repente, esa mentira termina convirtiéndose en realidad. Pienso que, por eso, en esos casos, todas eran mujeres.

En la película hay una evolución entre la puesta en escena de antes y después de la muerte de Pat, tanto en planificación (la cámara se queda más quieta) como en iluminación. ¿Cómo trabajaron esta idea de trasladar el contraste entre la vitalidad del hogar con el vacío dejado por la muerte? El punto principal era resaltar la diferencia antes y después de que Pat falleciese.  Antes de su muerte, queríamos construir un ambiente familiar, así que utilizamos una iluminación cálida y una decoración acogedora. Además, el movimiento de cámara es bastante fluido para crear esa armonía. Pero después de la muerte de Pat, los planos se vuelven mucho más estáticos y la iluminación cambia a tonos fríos, evitando cualquier brillo cálido. También recurrimos al uso de elementos en primer plano y fondo, como marcos y estructuras, para transmitir la sensación de que los personajes están atrapados en este entorno, especialmente Angie. Usamos diversos recursos visuales para establecer este tipo de encuadre donde los personajes siempre aparecen enmarcados, reforzando la idea de que están atrapados dentro de la composición.

Teníamos la impresión de que cuando su pareja muere, Angie no es capaz de llenar el encuadre. Siguiendo esta línea nos parecía imposible no pensar en Ozu y la manera en la que retrata los interiores o las relaciones entre las personas en cuadro…  Queríamos marcar una gran diferencia entre el apartamento de Pat y Angie, que es mucho más grande y tiene una sensación de apertura, en contraste con los otros apartamentos en los que viven, más pequeños y congestionados. Es importante mostrar este contraste porque el entorno en el que vives refleja tanto tu estatus social como el tipo de familia a la que perteneces. Por ejemplo, el apartamento del hermano de Pat pertenece a un tipo de vivienda gubernamental destinada a personas cuyos ingresos están por debajo de cierto umbral. Estas viviendas son interesantes por su diseño: tienen un gran patio central y, al abrir la puerta, todos los vecinos quedan frente a ti. Esto se debe a que fueron diseñadas basándose en cárceles. En las prisiones, debido a la falta de funcionarios, los edificios se construyen de manera que los internos puedan vigilarse entre sí. Así es como funcionan estos complejos de viviendas; su diseño se inspira en el sistema penitenciario, así que quería mostrar estos tipos de entornos habitacionales para reflejar la escasez de vivienda en Hong Kong.

John S. Boscovich en su obra Electric Fan (Feel it Motherfuckers) exponía el único objeto que pudo extraer de la casa que compartía con Stephen Earabino, que había fallecido a causa del sida en 1997, denunciando así la imposibilidad de administrar el patrimonio de personas del mismo sexo debido a la ley que prohibía su matrimonio en Estados Unidos. En Todo saldrá bien se aproxima a una realidad similar de las personas de Hong Kong, algo que parece estar cambiando con las políticas gubernamentales recientes… Es interesante porque a lo largo de los últimos años algunos activistas han llevado al gobierno de Hong Kong a los tribunales por casos de discriminación e inequidad y han ganado. Hay un caso particular en el que una pareja del mismo sexo viajó al Reino Unido para casarse. Al regresar a Hong Kong, uno de ellos falleció, y el otro no tenía derecho a reclamar la herencia. Entonces, demandó al gobierno y ganó la batalla legal. Como resultado, el tribunal dictaminó que el gobierno de Hong Kong debía otorgar derechos de herencia a la comunidad LGBTQ+ y abordar el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Ha pasado más de un año desde que se emitió el veredicto, y sorprendentemente, no hubo protestas ni reacciones negativas públicamente. Nadie salió a rechazar el fallo; todo fue bastante tranquilo, lo que sugiere que la sociedad en general lo acepta bastante bien. Lo interesante de esta situación es que el tribunal ha mostrado una postura progresista, el público parece estar de acuerdo, pero el gobierno no ha tomado ninguna acción al respecto. Hasta ahora, el gobierno simplemente ha evitado abordar el veredicto y ha estado postergando la implementación de políticas. Cuando se les pregunta al respecto, responden que llevarán a cabo una consulta pública, pero hasta el momento no ha sucedido. Esto nos deja en una especie de limbo: el tribunal ha reconocido los derechos, pero no existen políticas concretas para ejecutarlos. Así que sí que hay cierto progreso en términos legales, pero en la práctica, aún no se ha traducido en cambios reales.

Queríamos preguntarle por la decisión de no utilizar música en esta película, a diferencia de Suk Suk, en la que la música emerge en el primer encuentro sexual…  Creo que, en ocasiones, la música en las películas de Hong Kong se usa en exceso y sirve más para manipular las emociones del público que para acompañar la narrativa. En esta película, la historia en sí es bastante dramática y si se añadiera música sería fácil que la película adquiriera un tono de telenovela. Por eso, considero que, cuando un momento tiene suficiente carga emocional, es mejor dejar que el público sienta por sí mismo. Un ejemplo claro es cuando Angie lee el testamento preliminar. Si el público ha seguido la historia hasta ese punto, traerán consigo sus propias emociones: liberación, arrepentimiento, alivio… cualquier sentimiento que surja de su conexión con la historia. Confío en que los espectadores son lo suficientemente sofisticados para experimentar esas emociones por sí mismos, sin necesidad de que la música les marque el ritmo. Por eso, tomamos la decisión audaz de no usar música en esta película, algo que es muy poco común en el cine de Hong Kong.

En la película hay un tratamiento constante de las diferencias entre la familia carnal y aquella que se elige, que en este caso es el refugio emocional de Angie… Angie representa muchas de las historias que he investigado sobre parejas de larga duración del mismo sexo. Al principio, parece que son aceptadas por sus familias, pero cuando uno de los miembros de la pareja fallece, el otro comienza a perder muchas cosas. Lo primero, pierden a su compañero, pero pronto se dan cuenta de que también están perdiendo su identidad, su lugar dentro de la familia. De repente, dejan de ser reconocidos como el esposo o la esposa y se vuelven ajenos a la dinámica familiar, hasta el punto de ser excluidos.

En el caso de Angie, ni siquiera puede quedarse en el apartamento y se ve obligada a pedir permiso para permanecer allí, lo que la hace perder su dignidad. Es un proceso de pérdida constante –primero la pareja, luego el hogar, y finalmente la identidad–. Por eso quise abordar la cuestión de qué significa realmente la familia. ¿Es algo que se define únicamente por lazos de sangre? ¿El derecho a pertenecer a una familia depende solo de la biología, incluso cuando la conexión emocional es mínima? Mientras que alguien que ha construido un vínculo profundo y genuino con otra persona puede quedar fuera simplemente porque no existe un reconocimiento legal. Este dilema es especialmente relevante en la sociedad moderna, donde existen todo tipo de estructuras familiares. Las leyes y las costumbres no han evolucionado lo suficiente para abarcar todas estas nuevas configuraciones. Hoy en día, las familias pueden incluir matrimonios y divorcios, hijos de relaciones previas, adopciones y muchas otras dinámicas. La idea tradicional de familia nuclear no es suficiente para reflejar estos cambios, y necesitamos un marco legal completamente distinto para abordarlo. Sin embargo, hasta ahora, no se ha hecho nada significativo al respecto.

¿Por qué el título y de dónde surge? Es una película que trabaja sobre la muerte y la pérdida, pero desde el inicio hay una promesa de avance en cierto sentido… El título Todo saldrá bien surgió principalmente a partir de las entrevistas que hice con parejas del mismo sexo en Hong Kong. En muchas de ellas, les pregunté si habían redactado un testamento, y su respuesta era no. Entonces les preguntaba por qué, y decían: “Bueno, supongo que, si yo no estuviera, mi hermana sabría lo que quiero, o mi hermano lo entendería”. Me pareció extraño, porque aquí estaban personas que habían compartido su vida con su pareja durante treinta años, y si llegaban a faltar, el bienestar de su compañero dependía completamente de lo que ellos creían que su hermano o hermana haría. Les pregunté si no les parecía demasiado optimista confiar en ello, y su respuesta siempre era la misma: Todo saldrá bien. Ahí fue cuando decidí utilizar esa frase como título, con un tono irónico, porque la realidad es que no todo saldrá ‘bien’ automáticamente –especialmente cuando el sistema no protege las relaciones fuera de los marcos tradicionales–.

Entrevista realizada por
videollamada, Madrid-Hong Kong, el 14 de mayo de 2025.

Colectivo Termita