Guillermo Arriaga, escritor, director y productor de cine, visita la Fundación Casa de México en España para participar en un encuentro magistral sobre adaptaciones cinematográficas. Aprovechamos su estancia en Madrid para charlar con él sobre su trayectoria y las motivaciones de su escritura.
El arte de narrar
Novela, guion, dirección… ha trabajado y trabaja tres disciplinas muy diferentes, pero que tienen en común el acto de narrar. ¿Cómo aborda las historias según el lenguaje escogido, literario o cinematográfico? A veces creo que una historia va para un medio y termina siendo para otro. Amores perros y 21 gramos son, en realidad, novelas que no cuajaron. Con El hombre sucedió lo contrario. Lo que determina una cosa o la otra es el punto de vista: el cine es en tercera persona y la novela, aunque esté contada en tercera persona, es siempre primera. Cuando necesito interiorización me decanto por la novela, pero cuando necesito sentirlo visualmente, termina siendo una película. Amores perros no podía funcionar igual como novela, porque no es lo mismo describir peleas de perros que verlas o escucharlas; no es lo mismo narrar un accidente que presenciarlo. Del mismo modo, en El hombre había muchas cosas que pasaban en el interior de los personajes, y que la cámara no podía retratar.
También ha realizado la adaptación a cine de alguna de sus propias novelas. ¿Cómo aborda la traslación del lenguaje escrito a lenguaje cinematográfico? Para escribir con calma (no simplemente ilustrar, sino para crear) se definen muchas cosas. No se pone la cámara solo para ilustrar lo que estás contando, sino para crear una atmósfera, un mundo de sonidos, de silencios… un mundo de luz, una composición determinada…
Que la forma también cuente… Claro, la forma siempre cuenta. En cine y en literatura.
Sus películas son historias muy corales, que ofrecen siempre una multiplicidad de puntos de vista… Yo creo que la forma en que nosotros contamos las historias en el día a día casi siempre son corales. En la vida cotidiana usamos estructuras narrativas muy sofisticadas, y usamos una diversidad de personajes para contar una historia. Nunca las contamos solamente desde nuestro punto de vista.
Y a pesar de esa coralidad, todos sus personajes están muy bien perfilados, y huye de estereotipos al trazar personalidades muy definidas. ¿Considera que es la humanidad de los personajes lo que mueve las historias? No sé si es el centro de las historias, pero debe serlo. Cuando construyes un personaje nunca debes juzgarlo, aunque sea el que más te desagrade. Y si tú no juzgas a tus personajes, ellos empiezan a encontrar su propio camino para mostrarte su humanidad. El problema con muchos escritores es que elaboran juicios morales sobre sus personajes y entonces terminan encasillándolos. Lo mejor es escribir personajes cuya variabilidad moral es tal que no sabes si amarlos u odiarlos.
México (y el barrio en el que creció) es una realidad a la que vuelve una y otra vez. ¿Es su experiencia personal la materia prima de sus historias? Es inevitable que el país de uno, la ciudad y el medio en el que creció, sean su fuente. Por suerte yo he tenido una vida anfibia: en mi barrio la mayoría iban a escuelas públicas, pero yo iba a una escuela privada. Eran mundos muy distintos. Luego yo iba a cazar al campo y hablaba con campesinos: he conocido un México profundo que muy poca gente conoce. Esto me ha permitido tener un poco más de aire, de perspectiva. Pero, aunque he escrito novelas que se desarrollan en el siglo XVIII en Inglaterra, no puedo alejarme de México. Para mí, 21 gramos es una película mexicana hecha en inglés.
La muerte es uno de los grandes temas que explora en sus creaciones. Sin embargo, el poso que dejan no suele ser pesimista. ¿Hay una voluntad de subrayar el reverso luminoso de un tema a priori tan oscuro? Yo no escribo tratando ni temas ni mensajes: escribo las historias como me van viniendo. No las planeo, no sé ni cómo van a terminar, ni hago desarrollo. Todo lo voy inventando sobre la marcha. Y siento que mis novelas no hablan de la muerte sino de la vida. Pero si hablas de la vida, inevitablemente tienes que hablar de la muerte porque es parte de ella.
Entrevista realizada en Madrid, Fundación Casa de México en España,
el 1 de octubre de 2025.
Cristina Aparicio








