3000 km en bicicleta (Iván Vescovo, 2025). Sección oficial largometrajes documentales
Una de las tendencias que ha marcado el cine de la sección documental ha sido la aproximación a sujetos con personalidades o historias que escapan a la norma, haciendo que esa fascinación inicial lleve al impulso de filmar a esas personas y su entorno. Obras como Miss Jobson (Amanda Sans Pantling, 2025) o A voz de deus (Miguel Antunes Ramos, 2025) han seguido esta pauta, registrando durante un cierto lapso la vida de sus protagonistas para plantear al mismo tiempo una mirada transversal a la historia de sus países, su militancia política o su espiritualidad. En 3000 km en bicicleta (2025) Iván Vescovo se acerca a la magnética figura de Iñaki Mazza, un joven campeón olímpico de BMX que a sus veinte años se encuentra retirado del deporte. En un juego constante entre ficción y no ficción se va construyendo el gran viaje que recorrerá toda la Patagonia y que nace de una necesidad de reencuentro con Abyss, que le manda poemas de amor desde el fin del mundo.
Vescovo se sumerge en el mundo de las BMX eligiendo una textura de imagen que nada tiene que ver con los deportes extremos. La memoria visual de las BMX, tal y como ocurre con el skate o los patines, está filmada en una estética muy concreta ligada a la aparición de las cámaras GoPro a principios de la década de los 2000. Ese aspecto tan característico de las imágenes grabadas en ojo de pez, posible gracias a la alta definición de las cámaras, su pequeño tamaño y la posibilidad de colocarlas sobre los vehículos, puebla los primeros minutos de metraje, donde se presenta a través de material de archivo esta suerte de mito nacional que es Iki antes de volver a coger la bici y emprender una odisea espontánea. No obstante, el viaje se filma en una combinación de fragmentos en 16 mm y super-8 que sumergen la película en una densidad diferente. La radicalidad ahora se ralentiza, haciendo que el camino y el movimiento cobren importancia sobre la velocidad y los trucos, profundizando en ‘Iki’ y su aventura personal. Esta especie de road movie se adentra en una geografía argentina de amplias llanuras, carreteras interminables, playas y varios skateparks que se suceden en las distintas paradas en el camino y van desencadenando recuerdos.
En paralelo a la historia de Iki, Vescovo medita sobre la actualidad de un hobby callejero transformado en deporte que desde su aparición ha implicado una forma de entender el mundo y de relacionarse con el espacio urbano al margen del consumo. La consecuencia del surgimiento de estas disciplinas fue también la creación de comunidades basadas en el tiempo compartido y el aprendizaje colectivo, un aspecto que se refleja en cada ciudad que visita el grupo, donde graban, reparan infraestructuras y conviven con la gente local, muchos de ellos antiguos amigos de las competiciones. Los skateparks, que han sido también espacios de creación de imágenes para mucha gente que, como es el caso de Iki, comenzó a interesarse por las cámaras y a grabar sus primeros vídeos allí, son los escenarios sobre los que el protagonista va recuperando el amor por la bici conforme aumenta el número de kilómetros recorridos. Tras cada etapa, vuelven los planos de la carretera, al igual que los poemas de Abyss recitados en off y los testimonios narrados por amigos y familiares que van moldeando un retrato de Iki, ahondando en cuestiones como su identidad de género o su rechazo a la etiqueta de deportista canónico. El viaje, que concluye con la llegada a la región de Ushuaia y a las costas del estrecho de Magallanes, despliega un delicado homenaje a la identidad en fuga que pasa por el reencuentro con uno mismo y el pasado, para mirar sin nostalgia a un presente en constante renovación.
Nacho Álvarez








