Àngel Quintana
Los hermanos nigerianos Arie y Chuko Esiri trasladan el universo de La señora Dalloway, de Virginia Woolf ,a la Nigeria contemporánea marcada por las heridas de la violencia política. Esta libre adaptación apuesta por un cierto riesgo, ya que convierte, por un lado, el flujo de conciencia de Virginia Woolf en una meditación sobre el trauma colectivo de un país como Nigeria atravesado por la guerra contra las milicias de Boko Haram. Como en la novela de Woolf, la estructura temporal se organiza alrededor de un solo día y de los preparativos de una fiesta. Clarissa recibe invitados en Lagos mientras el relato se fragmenta en recuerdos de juventud situados treinta años antes. El tiempo no avanza de forma lineal. El pasado y el presente se contaminan constantemente mediante flashbacks, fotografías y asociaciones mentales. Pero la gran mutación política del film aparece en la figura de Septimus, que en la novela encarnaba el trauma de la Primera Guerra Mundial; aquí, el personaje es un soldado nigeriano devastado psicológicamente tras combatir a Boko Haram.
Los Esiri insertan el tema de la corrupción militar en su país como algo que acontece como transfondo al sistema de vida de una burguesía que está atrapada entre privilegio y culpa. Clarissa desplaza las grandes cuestiones de Virgina Woolf hacia una sociedad poscolonial donde la violencia es una realidad inmediata. Entre elegancia y devastación, la película encuentra una lectura africana de un clásico de la literatura modernista anglosajona.








