Carlos F. Heredero

Ópera prima de un joven cineasta chino afincado en Bangkok, Border parece alimentarse simultáneamente de Robert Bresson y Aki Kaurismäki en su descarnada puesta en escena, en su brutalmente elíptica forma narrativa, en el radical vaciado de su dramaturgia y en la impávida interpretación de los actores, despojada por completo de todo componente psicologista. Hija por tanto de un modo de representación alejado de cualquier naturalismo, la película nos sitúa en un desolado y árido poblado minero de la China interior por cuyas calles –vaciadas igualmente de ciudadanos– solo transitan de manera incesante grandes camiones, escasos coches y, ocasionalmente, los pocos personajes que habitan la ficción: una historia conducida inicialmente por un joven minero y luego por una enigmática y callada mujer, atrapada en una red de proxenetismo y obligada a ejercer la prostitución por una razón que solo descubriremos casi al final, una vez que la postergada aparición del título del film nos traslade, en el epílogo del relato, a una pequeña aldea de Mongolia, justo al otro lado de la frontera.

Producción china que comparece en San Sebastián bajo bandera de Hong Kong, Corea del Sur y Estados Unidos (la censura comunista no ha autorizado su exhibición), Border retrata con austeridad espartana y con insólita explicitud sexual, primero, un mundo de hombres en el que medran lo incestuoso y la prostitución y, después, el descubrimiento de otra sexualidad y de otros vínculos afectivos por parte de sus dos protagonistas en medio de un escenario barrido por el viento y desolado hasta lo distópico. De todo ello emerge una devastadora y crítica metáfora de la China contemporánea, presentada aquí como un paisaje arrasado por el desmantelamiento industrial, endogámico y cerrado sobre sí mismo, sin salidas y sin ningún horizonte posible, pero el problema es que Ah Biao (guionista, realizador y director de fotografía) no consigue que todo ello pueda llegar a expresarse de manera orgánica. A base de esencialidad, a fuerza de pulir y pulir, de quitar músculo y carne, la película corre el riesgo de quedarse en un mero esqueleto cuyos huesos no bastan para sostener todo el andamio.