Carlos F. Heredero

Reconstrucción de un caso real que está en el origen del movimiento social argentino en defensa del derecho al aborto (la encarcelación de una joven que acude a un hospital víctima de un sangrado vaginal y acaba siendo condenada por homicidio cuando se descubre un feto arrojado en uno de los baños del edificio), la segunda realización de la actriz y directora Dolores Fonzi es una película de combate social que no se esconde ni disimula su planteamiento. Con los mimbres ya conocidos de una fórmula perfectamente codificada (de la que no se aparta en ningún momento), el relato sigue las pautas más previsibles y recorre todos los lugares comunes del género (víctima condenada injustamente, abogada que lucha por restablecer la verdad, conexión con un sentir social más amplio y victoria final de la justicia, espoleada sin duda por la movilización de las calles), Belén funciona en su propósito –y en sus propias coordenadas– con plena eficacia, a lo que contribuyen, como siempre cuando hablamos de cine argentino, las magníficas interpretaciones de todos y cada uno de los intérpretes que se colocan delante de la cámara. La auténtica envergadura estética y fílmica de la propuesta es pues notoriamente humilde, pero también honesta y eficaz para sus objetivos. No hay demagogia redentorista ni discursos aleccionadores en sus imágenes. Tampoco grandes hallazgos cinematográficos. La película es un panfleto político en la mejor acepción del término. Probablemente, de gran eficacia comercial. Nada que objetar.