Cristina Aparicio

Si uno aplica la teoría del análisis cinematográfico, la elección del formato casi cuadrado indica la voluntad del director de restringir el campo de visión y limitar lo que aparece dentro del plano. Esto es lo primero que destaca en una película como Before the Bright Day: la elección de un formato que a priori busca reducir lo que mostrar al espectador. No obstante, el cine, arte democrático donde los haya, no se puede pensar (ni analizar), aislando tan solo uno de sus elementos: hay que ponerlos todos en relación, dejarlos expresarse según sea la forma en que interactúen entre sí. Es por eso por lo que resulta fundamental, en un film como este, atender al lugar en el que se sitúa la cámara. Aquí, ese emplazamiento es al fondo de las instancias que habita Chou, el joven estudiante que protagoniza esta historia. Desde ese lugar, haciendo uso de la profundidad de campo, se consigue una gran amplitud visual, lo que en ningún caso puede entenderse como contradictorio a la elección del 4:3. Se trata, en realidad, de un gesto de rebeldía, de sublevación por parte de un director que sumerge al espectador en la realidad de Chou, haciéndole testigo de un mundo que está en continuo crecimiento y repleto de posibilidades. El ritmo pausado y la forma de filmar (a veces incluso parecería que se tratase de cámaras de vigilancia) delatan el naturalismo de una puesta en escena que tiene vocación documental. Tan solo durante los pocos momentos de ensoñación del joven varía sutilmente el estilo visual del film, con composiciones más frontales y luminosas que muestran los deseos que Chou no es capaz de verbalizar.