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Una escultora de semblantes grecos encerrada en su piso en Río de Janeiro afronta a ‘esa mujer’, a sí misma, con una violenta crítica al género humano en un monólogo, del libro a la película homónima, A Paixão Segundo G.H. (Luiz Fernando Carvalho). Clarice Lispector (1920-1977) publicó el romance en 1964 y Brasil conocía una dictadura militar. Diez años después nacía Maria Fernanda Cândido. Similitudes de la actriz con la escritora: rostros con proporciones similares, pómulos acentuados, los ojos claros y almendrados; fueron madres de dos niños con las mismas edades; y en el tiempo de escritura y el de rodaje tenían las dos 44 años.

Entre Luiz Fernando Carvalho y Maria Fernanda Cândido, su primer abordaje a una obra de Clarice Lispector fue en Correio Feminino (2013), una colaboración en miniseries que había empezado con Capitu (2008), adaptada de una obra de otro escritor, Machado de Assis; y antes, una telenovela, Esperança (2002). Del director, la celebración con el cine llegó primero, con A espera (Maurício Farias y Luiz Fernando Carvalho, 1986), basada en un capítulo de Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes, que ganó la Concha de Oro al Mejor Cortometraje. Su primer largometraje, Lavoura Arcaica (2001), fue programada por Filmadrid, y contó con su presencia en un coloquio.

Una puesta en escena radical con planos fantasmagóricamente cortos dan visibilidad al racismo de los años sesenta y que se sostiene, en pisos para patrones ricos proyectados con una senzala adentro para el cuartito de la empleada. Ella tiene nombre, se llama Janair y, para interpretarla, Samira Nancassa en su primer papel, con su historia de vida personal que no se disocia de la escogencia del director.

La pasión de Juana de Arco (Carl Theodor Dreyer, 1928) inspiró el director para llegar de los encuadres al plano detalle con una única lente (concebida artesanalmente con material ruso de los años setenta por el fotógrafo Plinio Higuti y por el tornero Clóvis Carmelossi) que sobrepone las ópticas de una gran angular con la de un teleobjetivo. Paulo Mancini, un fotógrafo con más de treinta años en publicidad, tuvo su primera experiencia como dirección de fotografía en una película de ficción. Fue elegido el formato full frame, respetando las proporciones originales en 35 mm y se agradece este milagro brasileño. José Machado

 

Esta película es un retrato, y un retrato es una pintura o efigie principalmente de una persona. También se entiende por retrato la descripción de la figura o carácter, o sea, de las cualidades físicas o morales de una persona. Aquí nos ponemos delante de un retrato o más bien de un autorretrato, una mujer frente la cámara, que se desnuda en alma y nos cuenta su historia. Un devenir rocambolesco.

Esta película es una adaptación cinematográfica de la novela homónima de Clarice Lispector. Se aprecia una elegancia escrita, un texto sutil que ahora vemos acompañado audiovisualmente y convierte toda la obra en bella. Todo ello envuelto en un formato perfecto que nos transporta y ambienta en los años sesenta. La sucesión y repetición de imágenes mostrando la misma escena desde puntos de vista diferentes, hace que te acerques y adentres más y más en el lado lector de la película. Se descubre la historia de manera literaria y esto casa perfectamente con que la película es una adaptación literaria, descubres este mundo más que minuto a minuto, página a página. Los diferentes puntos de vista hacen que te adentres sin saber.

Se presenta de manera inusual debido a las formas estéticas que elige, usa filtros deformes y alterados. Es un preludio de cómo se irá viendo la película. El ojo también puede ser un elemento de distracción. Íntima y sigilosa, esta es una película prácticamente religiosa, metódica, jerárquica y ceremonial. Ceremonial de los sentidos, en ella aparecen la vista, el oído, el tacto… Vemos como los sentidos están limitados, no tiene la capacidad de amar más.

La gran protagonista de esta historia es la pérdida de la identidad, una mujer relatando una historia que acaba siendo su historia entera. Perdida y acomplejada lucha contra sus fantasmas, que no son más que los fantasmas de la sociedad. Ser mujer ha sido ser paciencia, ser excesos, ser arrepentimiento, son secretos escondidos en la habitación de una criada, es placer oculto, pero indudablemente esta película es ser mujer. Mujer que siente y padece, que sufre de una opresión impuesta por la burbuja burguesa en la que vive, de la que forma parte, pero de la que ella misma sabe que es un verso suelto y le gusta ser un verso suelto, ella es artista, es un genio que de vez en cuando la visitan unos fantasmas que lo destruyen todo, que le recuerdan todo.

A veces me pregunto qué es el cine o por qué veo películas, y es por piezas como esta por las que existe el cine en mí. Lucía De Manuel González

 

“Estoy buscando, estoy intentando entender, intentando dar lo que he vivido a alguien y no sé a quién”, así da comienzo A Paixão Segundo G.H., toda una declaración de intenciones sobre el viaje que va a suponer la película de Luiz Fernando Carvalho. Con una constante voz en off alcanza la magia de colindar imágenes y palabras, y hacerlas cohabitar en un mismo espacio, logrando que dialoguen entre sí. El film es una reinterpretación de la obra de la escritora Clarice Lispector, que mantiene su esencia experimental y conceptual. María Fernanda Cândido da vida a G.H., una mujer aburguesada, encapsulada durante las dos horas de metraje dentro de su lujosa casa con vistas a Copacabana. Su empleada del hogar renuncia al trabajo, lo que la lleva a un mar de inquietudes que bien podrían recordar al cine-pensamiento de Jean-Marie Straub. G.H., en un ansia irrefrenable, decide entrar en el cuarto de la chica de la limpieza, esto la lleva a descubrir una intimidad dentro de su casa jamás explorada.

Las imágenes se encuentran encarceladas en un cuatro tercios claustrofóbico, aportando angustia y represión, lo que también acerca la película a la otra gran pasión: La pasión de Juana de Arco (1928) de Carl Theodor Dreyer. En ambas, los metrajes están impregnados de primerísimos planos, obligando al espectador a estar con ellas en cada gesto, expresión y mirada, en la pasión de Carvalho por que se colasen los incesantes pensamientos en voz en off de G.H. El director se involucra en la búsqueda de maximizar el potencial literario y a la vez, maximizar el potencial cinematográfico, llegando así a una ‘tercera cosa’ innombrable. En su primer largometraje, Lavoura Arcaica (2001), también se zambulle en esta tercera cosa: a través de su mirada consigue traducir pensamientos en imágenes. Una vez que G.H. entra en la habitación se encuentra una cucaracha, momento crucial sobre su mirada ante la realidad, todo se tambalea “quien era yo antes de lo que ocurrió esa mañana” en una dimensión kafkiana, por su surrealismo y opresión. En momentos como cuando se fusiona la cara de la cucaracha con la de la criada, se percibe un fuerte mensaje sobre la lucha de clases y se crea un paralelismo con el concepto de ‘suciedad’ que se aborda en varias ocasiones.

A Paixão Segundo G.H. habla de la angustia y de la catarsis. Crea una conversación que no tiene reparos en dirigirse al choque, y consigue embaucar en este viaje de incesantes palabras, llevando al espectador a un mar de sensaciones. Una película que te mira a los ojos te agarra y no te suelta; en definitiva, la pasión. Luna Frax