Carlos Losilla
Hay varias maneras posibles de ver Hermanas, el primer largometraje de ficción de Ione Hernández. La primera pasaría por varias cuestiones de fuste hiladas en una trama criminal y/o judicial: una adolescente presuntamente violada por su primo durante la noche de San Juan, siendo las hermanas del título las madres de ambos. La segunda tendría que ver con el retrato de las dos familias, la de la chica compuesta por los padres y dos hijos más, la del chico reducida a su progenitora. Sin embargo, hay un tercer enfoque –y aun cabrían más– que podría ser el que pretende seguir el film, una perspectiva que recorre las otras dos para dar a ver un misterio que las imágenes no serían capaces de reflejar, que dejarían en una penumbra inquietante.
A Hernández, también guionista, le interesan los temas del consentimiento y la violencia sexual, por supuesto, pero no los privilegia ni intenta elaborar con ellos una reflexión estructurada. Su película, a cambio, quiere ofrecer un retrato colectivo que los atraviese buscando sus raíces profundas, que los localice en el sustrato de la institución familiar, sus rituales y modos de funcionamiento. Para ello, utiliza un estilo más bien neutro, distanciado, que no quiere intervenir en los hechos narrados ni adoptar un punto de vista específico. Quiere mezclar el respeto por la complejidad con una trama lineal que, en el fondo, se encamina indefectiblemente hacia una resolución judicial. Y, en fin, quiere facilitar a su audiencia todo tipo de datos para que pueda pensar por sí misma. Otra cosa es que lo consiga. El secreto, la ambigüedad, no se buscan, más bien se encuentran. Y exigen una puesta en escena minuciosa, capaz de penetrar en los personajes y a la vez dejarlos en un claroscuro que permita entrar a la audiencia en ese espacio y recorrerlo. En el caso de Hermanas, en ocasiones se dice demasiado y en ocasiones muy poco, sin encontrar casi nunca el equilibrio justo. Aquellos instantes en que lo hace, la película cobra brío, alcanza una cierta densidad. Y eso ocurre cuando acepta que, en realidad, su tema no era el que parece, sino el que se agita en su subsuelo y nunca llega a desarrollarse o sugerirse: la relación imposible entre esas dos hermanas que, ya desde el título, reclaman un lugar que en la película se les queda pequeño.








