Fernando Bernal

Emin Alper obtuvo el Gran Premio del Jurado en el último Festival de Berlín con esta historia que se desarrolla en el Kurdistán turco, y que narra el enfrentamiento de dos clanes por un terreno. Ante el acecho del terrorismo, los hazeran protegieron este lugar, mientras que los propietarios originales, los bezari, tuvieron que exiliarse de la zona. La vuelta de estos para reclamar un espacio fértil y propicio para el cultivo, conlleva la reedición de un enfrentamiento ancestral entre ambos clanes. En su cuarto largometraje, el autor de obras como Un cuento de tres hermanas (2019) focaliza su narración a través de la figura del líder espiritual y político de los hazeran, partidario de la colaboración, y de su hermano Messut, partidario del enfrentamiento con el pueblo rival. De manera paralela al realismo del relato, que retrata en principio la creciente tensión fraternal y la violencia que brota entre las facciones enfrentadas, comienza a aparecer de forma soterrada en la narración un elemento sobrenatural que transciende lo puramente territorial. Las visiones especulares que Messut tiene a propósito de su futuro o de la infidelidad de su mujer, arrastran al personaje hacia una espiral de violencia y fanatismo que contagia de manera decisiva el tono del film.

Sus palabras, su miedos y soflamas insuflan una paranoia colectiva entre la población, alentada por la imposibilidad de convivir en territorios ocupados o invadidos. Esto permite que el film alce el vuelo a nivel metafórico, con un discurso que fácilmente se puede extrapolar a otros conflictos similares que acontecen en nuestro entorno y en nuestros días. La cámara del cineasta turco capta esa dualidad con un realismo que recurre siempre que es necesario a la estilización formal, algo que arranca el relato del sustrato puramente geopolítico, y a una puesta en escena que permite todo tipo de licencias líricas. A través de su inquietante y sobria planificación y de un acertado uso del montaje paralelo, el film se sumerge en un in crescendo narrativo que conduce hacia un clímax radical y violento, que justifica su condición de alegato contra cualquier tipo de totalitarismos -político, religioso o cultural- y que denuncia los discursos de odio frente a la intolerancia.