Luciérnagas contra la aplanadora: la memoria digital del paisaje
Laura Sánchez Avilés
La primera imagen de Este no es tu jardín (2025) no es una imagen, es un proceso. El mundo parece estar naciendo ante nuestros ojos. En esta obra kinobotánica, Carlos Velandia y Angélica Restrepo convierten el cine en un terreno de experimentación 3D donde las plantas no son objetos de contemplación, sino presencias protagónicas que construyen el relato. A través de una arqueología de los medios que interroga la estructura del lenguaje digital, la película renuncia a la linealidad antropocéntrica para operar bajo una lógica rizomática. El píxel es aquí información y proliferación: una materia viva que germina y reclama su propia agencia. Si todo jardín presupone un propietario, el título de la película comienza, precisamente, negando esa ficción. Contra una larga tradición de imágenes construidas desde la conquista, la clasificación o la explotación del territorio, los autores imaginan otra relación entre tecnología y paisaje. La imagen ya no procede de una cámara que registra el mundo, sino de datos que lo reconstruyen. La técnica deja de ser un dispositivo de dominio y se revela como la superficie sensible de una memoria que continúa respirando bajo la tierra.
Lo más fascinante es que la organización biológica de las plantas termina infiltrándose en la propia forma cinematográfica. Así como la flora prospera mediante redes descentralizadas, la película abandona la progresión lineal para expandirse en múltiples direcciones; las imágenes se ramifican y circulan sin necesidad de avanzar hacia una meta, desvinculándose del camino hegemónico. Mediante la fotogrametría, el altiplano de Bogotá es escaneado y convertido en nubes de puntos que adquieren la fragilidad de un recuerdo. Cuando esos millones de puntos comienzan a moverse, el paisaje se convierte en una experiencia sensorial donde el pasado y un futuro especulativo convergen. Esta urdimbre colorida entre la penumbra evoca las luciérnagas de Georges Didi-Huberman: pequeñas persistencias luminosas que sobreviven allí donde la aplanadora colonial y extractivista pretende imponer la nada. Frente a las lógicas que necesitan imaginar el territorio como un espacio vacío para justificar su explotación, la película revela una geografía saturada de presencias, vínculos e historias invisibles. En ese campo infinito de partículas también se transforma la posición del espectador, no observamos el paisaje desde una distancia segura, flotamos en él como huéspedes invitados.
A través de un viaje sensorial de quinientos años por el altiplano, la película nos invita finalmente a mirar desde la raíz. Observamos la historia desde la perspectiva de aquello que permanece: la vegetación que ha presenciado la desecación de los humedales, la herida del asfalto y el avance voraz de la industria. Entre la nube de puntos y la materia vegetal emerge una sensibilidad ecológica inédita, capaz de vincular de manera indisoluble memoria y porvenir, tecnología y naturaleza. Al procesar siglos de transformación territorial mediante códigos de renderizado, Este no es tu jardín descubre una profunda continuidad ontológica entre el silicio y la clorofila. Más que una simple representación de la naturaleza, la película se constituye ella misma como un ecosistema vivo: un organismo visual autoconsciente que piensa, recuerda y resiste frente a la desaparición.








