Eulàlia Iglesias
En 2022, el diario Público publicaba un artículo desvelando los problemas que sufrían las temporeras de la fresa para que sus denuncias de abusos sexuales por parte de sus jefes prosperaran en los juzgados. En este y otros reportajes se basa en parte Laïla Marrakchi para desarrollar esta drama de ficción que pone sobre la mesa la explotación de las trabajadoras marroquíes en los invernaderos españoles. La directora sigue la odisea de Hasna (Nisrin Erradi), una antigua luchadora (se la conocía com ‘Kill Bela’) que viaja hasta España para trabajar en el campo y así ganar el dinero suficiente que le permita recuperar la custodia de su hijo. Su itinerario permite describir a través de la ficción las tribulaciones y las formas de explotación de las que son víctimas las miles de temporeras andaluzas empleadas en los campos del sur de España: los barracones aislados en que se las hacinan, las dinámicas internas de control, la falta de contratos que garanticen sueldos y condiciones laborales, los abusos sexuales por parte de los propietarios… Marrakchi adopta el punto de vista de Hasna, que mantiene una cierta pulsión rebelde hacia este entorno opresivo, en parte ligada a su antigua ocupación. Pero la película evita transformarla en una heroína: Hasna no se ve capaz de proteger a una compañera del propietario que la acecha sexualmente, por miedo a perder el trabajo.
Sin embargo, ambas acaban escapando de este entorno y, gracias a una asociación asesorada por una abogada española, consiguen llevar a juicio a los abusadores. El último tercio del film traslada la denuncia a un entorno judicial que estigmatiza a las mujeres víctimas de violencia sexual en estos contextos laborales tratándolas de prostitutas por seguir cobrando dinero mientras mantienen su trabajo. Este tramo resulta el más endeble de La más dulce. Incluso Itsaso Arana, en el papel de la abogada que echa una mano a las trabajadoras, actúa un tanto fuera de registro remarcando el lado antipático de su personaje, probablemente para evitar convertirlo en una ‘salvadora blanca’. Por el contrario, la película deja claro por qué algunas de las trabajadoras se muestran reticentes a denunciar por legítima desconfianza a unas fuerzas policiales y un sistema de justicia, el español, que se muestran cómplice de los abusos. Reivindicable en su visibilización del lado oscuro del ‘sueño español’ que sufren tantas mujeres marroquíes, la voluntad de denuncia de La más dulce acaba privilegiando en exceso un relato expositivo al que le falta fuerza cinematográfica.








