Àngel Quintana

En el tramo final de L’Inconnue suena It’s All Over Now, Baby Blue, de Bob Dylan. La referencia no resulta anecdótica, ya que anteriormente hemos visto en la habitación del protagonista un cartel del álbum New Morning y descubrimos que el personaje se llama David Zimmerman, apellido real del músico estadounidense. Todo ello conecta directamente con El caso David Zimmerman, publicada en Francia en 2024, donde David Harari (hermano del cineasta) exploraba ya las influencias dylanianas a partir de un juego constante de máscaras, mutaciones e identidades móviles. El cómic sugería que toda identidad contemporánea es, en cierto modo, una ficción colectiva construida mediante relatos, rumores e interpretaciones sucesivas.

Arthur Harari, guionista de Anatomía de una caída (Justin Triet, 2023), toma libremente ese material gráfico para construir una película que explora la posibilidad de un yo que se transforma en otro. Bajo la apariencia de un thriller fantástico, L’Inconnue acaba convirtiéndose en una reflexión sobre la relación entre cuerpo e identidad en un momento histórico marcado por el cuestionamiento de los modelos binarios y de los roles de género tradicionalmente impuestos por la sociedad. La película arranca como un misterioso juego de miradas. David (interpretado por Niels Schneider) es un fotógrafo introvertido y misántropo que vive refugiado en una obsesión casi enfermiza por las mutaciones y transformaciones de los espacios urbanos. Durante una fiesta carnavalesca conoce a Eva (Léa Seydoux), con quien mantiene una intensa relación sexual que acaba desencadenando una perturbadora transformación identitaria. Poco a poco, Eva parece infiltrarse en el interior de David hasta alterar su propia percepción del cuerpo y del deseo. Más adelante, David iniciará otra relación y acabará dejando de ser quien era para convertirse en la encarnación de una mujer desaparecida.

En el cuerpo del otro –o de la otra–, ambos personajes descubren de qué manera el mundo modifica su mirada y su comportamiento ante ellos. Harari reduce el componente de thriller fantástico presente en el cómic original para concentrarse, sobre todo, en una angustia profundamente existencial. Más que explicar racionalmente el mecanismo de la transformación, al cineasta le interesa analizar qué significa perder la propia identidad y verse expulsado de uno mismo. En su primera mitad, L’Inconnue funciona gracias a un sugerente juego de ambigüedades, deseos cruzados y desplazamientos de la mirada. Harari construye un estimulante cortocircuito emocional donde nunca queda claro quién desea a quién ni desde qué lugar se produce realmente la transformación. Sin embargo, en su segunda parte la película se vuelve más explícita y discursiva cuando aborda directamente el desconcierto del cambio de género y la imposibilidad de encontrar una identidad estable. Arthur Harari despliega numerosas ideas visuales y conceptuales de gran interés, pero L’Inconnue también deja la sensación de que algo acaba escapándose. La deriva psicológica que conduce a la tragedia no siempre encuentra la fuerza dramática necesaria y algunas intuiciones parecen quedarse suspendidas, como si el dispositivo conceptual de la película no lograra traducirse plenamente en una verdadera intensidad visual y emocional. Arthur Harari apuesta por un cine de identidades inestables y cuerpos en transformación, situándose en un territorio ambiguo entre el fantástico contemporáneo y el drama existencial.