Jaime Pena
Primera proyección oficial de Cannes 2026, veinte años atrás, como se encargó de recordar Thierry Fremaux en la presentación, El laberinto del fauno fue la última película proyectada en competición en Cannes 2006, un éxito atronador (el aplausómetro midió más de veinte minutos de standing ovation) que propulsó la carrera internacional de un Guillermo del Toro ya captado por Hollywood, solo que para películas de género (Mimic, Blade II, Hellboy). Estas dos últimas se insertan precisamente entre sus dos películas españolas, El espinazo del diablo (2001, producida por los hermanos Almodóvar) y El laberinto del fauno, dos proyectos que abordan el tema español por antonomasia, al menos en el cine de los setenta, ochenta y noventa: la guerra civil y el franquismo. Por lo demás, se trata de dos películas que, como las del resto de su filmografía, tienen como eje la figura del monstruo (el capitán Vidal en El laberinto…, más que el propio fauno), con la particularidad de una forma más acusada en el segundo caso, que son capaces de lograr un equilibrio casi perfecto entre el cine de prestigio (Cannes, Oscars) y el de género y cuya heredera más clara dentro de su filmografía sería la que lo consagró en Hollywood: La forma del agua (2017).
Tal es así que El laberinto del fauno ya ha alcanzado el status de clásico contemporáneo y no hay mejor forma de evaluarla que con la perspectiva de estos veinte años. Lo de menos es su restauración en 4K, dato que no mejora en nada (al contrario), la proyección en 35 mm de 2006, pero, como sucede con la industria musical, las restauraciones y las remasterizaciones son un mero argumento comercial que posibilita una nueva explotación. En la presentación Guillermo del Toro ahondaba en cómo esos veinte años le habían proporcionado a la película una nueva lectura, la necesidad de resistir en estos tiempos oscuros. Su película se ambientaba en la España de 1944, entre un regimiento militar que persigue a un grupo de maquis, la vertiente histórica y adulta de una historia que tenía como contrapunto la perspectiva fantástica e infantil, un cuento de hadas; en realidad, el esquema de El espíritu de la colmena (1973) solo que sin misterio y, de alguna manera, en su acercamiento al monstruo, una propuesta mucho más cercana al origen del proyecto de la película de Víctor Erice… un círculo que de alguna manera del Toro ha cerrado con su Frankenstein (2025). Pero si en buena parte del cine español que ha abordado la Guerra Civil y el franquismo, desde una perspectiva republicana, se entiende, ha anidado un cierto sentimiento de derrota, El laberinto del fauno posibilita una lectura muy distinta, la de la victoria, al menos en lo que al grupo de maquis resistentes se refiere, pues en su vertiente fantástica la sensación final es mucho más ambigua, ya que las fábulas se abren a otro tipo de interpretaciones. Sobre esa necesidad de resistir, hay un dato un tanto estremecedor, el primer rótulo de los créditos de la película: Telecinco presenta. Sí, en 2006 Telecinco fue capaz de producir una película (cara y seria, pero también popular) sobre la lucha antifranquista, mientras que hoy sus intereses son otros, tanto los cinematográficos como los políticos.








