Àngel Quintana
Estamos en la localidad de Pristina a finales de los años noventa, antes de que el Ejército de Liberación de Kosovo, de origen albanés, se enfrente a las fuerzas serbias que ocupaban la ciudad kosovar. Dua es una niña de trece años que debe aprender a vivir en un mundo marcado por el conflicto mientras crece. La película sigue su recorrido mientras descubre de forma simultánea el deseo, la vergüenza y el miedo político. En su segundo largometraje, a Beltra Basholli no le interesa tanto explicar la situación política como tejer un punto de vista íntimo y familiar –la película está dedicada a sus padres, que vivieron aquellos acontecimientos– para hablar de la incertidumbre que provoca descubrir el mundo cuando una etnia dominante pretende aniquilarte y cuando el deseo de libertad está sujeto a una amenaza permanente. Dua vive con su familia; su padre y su hermano están comprometidos con la lucha, mientras ella entabla amistad con una joven que la inicia en el judo y le enseña cómo defenderse de los jóvenes serbios que, mediante una política de terror, controlan las calles. La película se sitúa en los momentos previos a los bombardeos de la OTAN sobre Kosovo y durante el éxodo que obligó a muchas familias de origen albanés a abandonar sus hogares.
Uno de los grandes aciertos de la película reside en la relación que la directora establece con los espacios. Los pasillos estrechos y las habitaciones funcionan como refugios, mientras que los descampados de la ciudad se transforman en territorios marcados por el peligro y la incertidumbre. Blerta Basholli evita el psicologismo y se centra en los movimientos de la protagonista, describe sus ataques de ira, muestra la difícil aceptación de la realidad y la presencia constante de una violencia que permanece siempre fuera de campo.








