Eulàlia Iglesias
Mila (la actriz bielorusa-israeliana Evgenia Dodina), la madre del título del primer largometraje de Or Sinai, se nos presenta de forma poco ortodoxa: la conocemos mientras mantiene relaciones sexuales con un hombre más joven y racializado, con quien habla en un hebreo salpicado de anglicismos. Hasta que un ruido los interrumpe, y nos damos cuenta de que esta pareja forma parte del servicio doméstico de la casa donde también viven (al menos ella), y mantienen su vínculo en secreto. ¿Estamos ante una película sobre el privilegio ligado a cuestiones de clase y procedencia en Israel? ¿La película se centrará en este asunto mientras invisibiliza el genocidio que está teniendo lugar en Gaza? ¿Tiene sentido estar viendo una coproducción israelí en Cannes que no se centre en el tema en mayúsculas, por mucho que su directora se diera a conocer ganando el premio de la Cinéfondation en 2016? Mientras estos interrogantes empiezan a dibujarse en la mente, el film decide esquivarlos trasladando la acción dramática a otro país. Un pequeño accidente doméstico obliga a Mila a tomarse una baja y regresar a su casa, con su marido e hija, en Polonia, después de años trabajando a miles de kilómetros.
Así, Mama se convierte en una película ambientada en Polonia pero de alcance universal sobre las dificultades para ejercer la maternidad que sufren las mujeres trabajadores migrantes lejos de su hogar. Porque el retorno de Mila pone en evidencia que su esposo y su hija han tomado una serie de decisiones respecto a su futuro sin tenerla a ella en cuenta, lo que abre una profunda fractura en una mujer que ha renunciado a una vida propia con el objetivo de asegurar económicamente el bienestar de los suyos. A partir de un embarazo no buscado, la película apunta también a las dificultades para abortar en Polonia. Pero es un asunto que queda como trama de fondo, porque Mama no se mueve (tanto) por los senderos del cine social, sino que funciona más bien como una sobria actualización del melodrama maternal clásico desde las coordenadas del capitalismo global. En películas como Stella Dallas las madres se veían a menudo condenadas a experimentar la maternidad desde la distancia como represalia por haber infringido los códigos morales imperantes. Mama recupera este patrón de la mujer obligada a ejercer de madre desde lejos para garantizar la felicidad de su hija, pero aquí los condicionantes no son morales sino sobre todo socioeconómicos (aunque la protagonista también desafía el sistema de valores hegemónico en su país). A pesar de la conexión con el melodrama clásico, Sinai evita el registro más extremo o sentimental del género para presentar un drama naturalista que se apoya sobre todo en la actuación de su actriz principal y evoluciona en sintonía con su personaje, con testarudez y resiliencia. Mientras concluye que en una vida lejos de los hijos no todo son sacrificios…








